MOVIMIENTO LACANIANO - MVD - URUGUAY
  PSICOSIS
 




 La concepción lacaniana de la psicosis en el seminario 3

Por Daniel  Larsen

Psicoanalista Lacaniano

Argentina

Publicado en www.elsigma.com

Octubre 2007

 

La concepción teórica que Lacan propone de la psicosis parte de situar en primer plano la relación del sujeto con el lenguaje. Es en función de esta idea que plantea retomar el término de “automatismo mental” de Gaetan de Clérambault para designar esos fenómenos en que el lenguaje se pone a hablar por sí solo, y que se caracterizan por ser fundamentalmente anideicos, es decir, no conformes a una sucesión de ideas.

En relación a este tema, en el Seminario 3 dedicado a Las Psicosis, Lacan dice lo siguiente: “Precisamente, porque es llamado en el terreno donde no puede responder, el único modo de reaccionar que puede vincularlo a la humanización que tiende a perder, es presentificarse perpetuamente en ese comentario trivial de la corriente de la vida que constituye el texto del automatismo mental”. (1)

 

Los fenómenos clínicos de la psicosis se caracterizan por lo que Lacan llama inercia dialéctica y dan cuenta de un déficit en el polo metafórico del lenguaje. El significante del síntoma ha perdido sus lazos con el resto de la cadena significante, se ha separado y permanece aislado, como un significante en lo real.

 

Un ejemplo claro de esto que venimos diciendo lo encontramos en el neologismo. Este se caracteriza por ser un término indefinible, que no entra en relación con otros términos al modo del diccionario, siempre está como fuera de contexto, como un significante extraido de lo simbólico. Otro ejemplo es la certeza inconmovible que domina al psicótico que cree que algo de lo que sucede le concierne, se refiere a él, se dirige a él.

 

Estas ideas Lacan las va a sostener hasta el final en su enseñanza. Incluso en su Seminario 23 sobre El Sinthome va a precisar que lo característico de la psicosis es el fenómeno de la palabra impuesta.

 

La relación con el lenguaje implica, para el sujeto, sentir una intimación perpetua, una solicitación, incluso una conminación, a manifestarse en ese plano. Nunca, ni por un instante, el sujeto debe dejar de testimoniar que él está presente, que es capaz de responder. No estarlo sería la señal de lo que se llama una descomposición.

 

El desencadenamiento de la psicosis se produciría cuando el sujeto recibe, desde el campo del Otro, un llamado a responder desde un significante que no posee.

 

En el Seminario 3 Lacan utiliza, tomándolo de Freud, el término alemán verwerfung para designar el mecanismo causante de la psicosis. Si bien hay momentos en que lo plantea con cierta ambigüedad y da a entender que se trataría de un rechazo de un significante que quedaría excluido de lo simbólico, creo que más bien alude a una falla en la constitución misma de lo simbólico, a una carencia básica de un significante primordial.

 

En la página 361 dice lo siguiente: “La noción de verwerfung indica que previamente ya debe haber algo que falta en la relación con el significante, en la primera introducción, a los significantes fundamentales.

 

Esta es, evidentemente, una ausencia irreparable para toda búsqueda experimental. No hay ningún medio de captar, en el momento en que falta, algo que falta. En el caso del presidente Schreber sería la ausencia del significante masculino primordial, al que pudo parecer igualarse durante años: parecía sostener su papel de hombre, y ser alguien, igual a todo el mundo” (2)

 

Si bien en distintos momentos del Seminario Lacan habla de diferentes significantes primordiales, dando a entender, de esta manera, que se trataría de varios, con la imagen de la carretera principal produce un pasaje del plural al singular, dejando bien claro que no se trata de cualquier significante, que el significante primordial en cuestión es el significante del nombre del padre. La carretera principal es un ejemplo de la función del significante en tanto que polariza, aferra, agrupa en un haz a las significaciones.

 

La función del padre, dice Lacan, no es pensable de ningún modo en la experiencia humana sin la categoría del significante. La simple sumatoria de los hechos de copular con una mujer, que ella lleve luego en el vientre algo durante cierto tiempo y que ese producto termine siento eyectado, nunca puede llegar a constituir la noción de qué es ser padre. El sujeto puede saber muy bien que copular es realmente el origen de procrear, pero la función de procrear en cuanto es significante de otra cosa. Para que procrear tenga su sentido pleno, es aun necesario, en ambos sexos, que haya aprehensión, relación con la experiencia de la muerte que da al término procrear su sentido pleno.

 

El significante ser padre hace de carretera principal hacia las relaciones sexuales con una mujer. Si la carretera principal no existe, nos encontramos con cierto número de caminitos elementales, copular y luego la preñez de la mujer.

 

Sólo a partir del momento en que buscamos inscribir la descendencia en función de los varones podemos decir que hay una innovación en la estructura, se introduce un corte, que es la diferencia de generaciones. La introducción del significante del padre introduce de entrada una ordenación en el linaje. Esta es una de las facetas más importante de la función del padre, la introducción de un orden, un orden simbólico, cuya estructura es diferente a la del orden natural.

 

Veamos ahora en qué momento de su vida se desencadena la psicosis de Schreber. En varias oportunidades estuvo cerca de llegar a ser padre. De golpe se encuentra investido de una función social considerable, y que tiene para él mucho valor: lo nombran presidente de la Corte de Apelaciones. Es introducido, de esa manera, en la cumbre de la jerarquía legislativa, entre los hombres que hacen las leyes y que además son todos veinte años mayores que él: perturbación del orden de las generaciones. Esa promoción de su existencia nominal, producida por un llamado expreso de los ministros, exige de él una integración renovadora.

 

Para Lacan “el presidente Schreber carece de ese significante fundamental que se llama ser padre. Por eso tuvo que cometer un error, de enredarse, hasta pensar llevar él mismo su peso como mujer. Tuvo que imaginarse a sí mismo mujer, y efectuar a través de un embarazo la segunda parte del camino necesario para que, sumándose una a otra, la función de ser padre quede realizada”. (3)

 

Hacia el final del Seminario, Lacan hace explícita referencia a los conceptos freudianos de complejo de Edipo, castración y falo planteando que la función del padre es la de representar ser el portador del falo. “El padre en tanto padre tiene el falo: y nada más”. Y más adelante: “lo que está ahí en juego no es un triángulo padre-madre-hijo, sino un triángulo (padre) falo-madre-hijo. ¿Dónde está el padre ahí dentro? Está en el anillo que permite que todo se mantenga unido”. (4) (Se puede ver que ya a esta altura de su enseñanza Lacan ya tenía idea de lo que desarrollaría veinte años más tarde como “cuarto nudo”)

 

Por último digamos que en ulteriores desarrollos Lacan va a relativizar el carácter de único o incluso de absoluto que le otorgaba en este seminario al nombre del padre. Va a pasar del singular al plural, va a hablar de los nombres del padre, pero manteniendo, a la vez, el nombre del padre como lugar; lugar al que podrían llegar a advenir los diferentes nombres del padre.

 

 

Bibliografia

 

Jacques Lacan: Seminario 3, Las Psicosis, Ed. Paidós, Barcelona, 1984, pág. 438.

Ibid., pág. 361.

Ibid., pág. 418.

Ibid. pág. 454.

 

 

René Magritte - "El Hijo del Hombre"
 

La concepción lacaniana de la psicosis en el seminario 3

 

 Por Norma  Gentili

 www.elsigma.com

Marzo de 2007

 La psicosis es un hecho de discurso. Un psicótico “lo es” por su lógica discursiva, “su” metaforizar, su organización yoica, su posición respecto de la función del falo, y por ende la significación. El delirio es a la psicosis, lo que el síntoma a la neurosis. Lo Real a ser escuchado.

En “Un Caso de Paranoia Contraria a la Teoría Psicoanalítica” Freud nos dice como, tomando un clic, unos señores en un pasillo y un murmullo entre un hombre y una jefa, la paciente construye una teoría que es su realidad. Es su metáfora delirante. Y la leemos.

La psicosis es una regresión tópica al Estadío del Espejo. Lo “estallado” en la psicosis es lo Imaginario (una palabra que no puede abrirse paso en el lenguaje). Es un Real-Simbólico.

El narcisismo primario es el tiempo en el cual se articula el “ser” del lenguaje a un cuerpo real y prematuro, espacio en el que se capta, a través de la imagen del semejante, como totalidad, sin poder reconocer aún que su semejante no es él mismo. El Estadío del Espejo en una Identificación (primaria) propuesta por el semejante.

 

Es el Ideal del Yo, en oposición al Yo Ideal, el que permite captarse como otro. El Yo Ideal es una identificación a una imagen, el Ideal del Yo es una identificación a un significante, a un trazo que él tiene en común con sus semejantes. Este trazo de identificación: raza, religión, profesión, etcétera, definen lugares cuyo interés consiste en ligar la fijeza del fantasma.

El Nombre-del-Padre forcluído, no obtura el acceso al goce del Otro colocando al niño en posición de ser él el que lo satisface, la demanda de la madre.

El-Nombre-del-Padre se reduce a una invocación, que, en sí misma, no nombra nada. Se nombra con la fuerza de un vocablo que reúne el nombre disuelto en la disolución de los nombres. El Nombre no corresponde a ninguna cosa, es un significante que “asegura” la paternidad en lo Simbólico.

El Nombre-del-Padre es un significante que nombra al padre en el Sujeto, que nombra al deseo de la madre, que lo “significa”, primera significación que si faltare impedirá toda significación, anudando las palabras a las cosas.

La introducción del Nombre-del-Padre dará lugar, indicará la falta en la madre, dará la posibilidad de imaginarizar esa falta. Cuando lo Imaginario vacila, la imagen del cuerpo se extravía y ese vacío primero llamará a todo el cuerpo a tomar el lugar de la imagen desvaída.

 

El progreso de la realización del Sujeto en el orden Simbólico está sujeto, depende de su organización imaginaria. El lenguaje encarnado en alguna lengua humana está hecho con “imágenes escogidas” que poseen cierta relación con la imagen del semejante. Esta experiencia imaginaria carga todo intercambio verbal con algo que lo convierte en un lenguaje humano.

La sublimación es la vía del anudamiento. La sublimación se caracteriza por un cambio en la libido o en los objetos, por una forma directamente satisfactoria, la libido sexual halla su satisfacción en los objetos. ¿Qué es lo que distingue primeramente a esos objetos? Que estén socialmente valorizados, en tanto el grupo puede dar su aprobación a estos objetos, que son de utilidad pública.

Es así como Freud define la sublimación: un objeto que tenga un valor social colectivo. La sublimación es un proceso que concierne a la libido de objeto que en la psicosis se halla replegada en el Yo.

Al psicótico le está negada la posibilidad de tener imágenes a las cuales oponerse, decir que no a una realidad masiva que lo invade, esa ilusión es un colchón protector entre su humanidad, su cuerpo, en el sentido más orgánico, y las palabras.

Su verdad carece de máscara, es su horror. La máscara es lo que le permite que algo se construya alrededor de un borde, tal que ese borde no sea un vacío en el que él resulte arrojado.

Como el Fort-Da, en términos que lo convierten (al niño) en un director escénico y un espectador de un teatro de marionetas, personajes para tornar soportable su drama, se trata, con el psicótico, de reintegrarlo a una escena, a un juego de presencia y ausencia. A una escena: al espacio psíquico por el que se pavonean las imágenes

 



El hombre araña o 
¿La tragedia del deseo?
Psic. Jorge Bafico
Mdeo – Uruguay
 
Sábado a la tarde, le había prometido a mi sobrino que lo iba a llevar al cine a ver la superproducción “El Hombre Araña”, mi intención más allá de poder compartir un rato con él era poder desenchufarme de mi rutina habitual. Nada de psicoanálisis para mí.
 
Me imaginaba ver una película de acción, buenos y malos claramente delimitados, sin embargo nada de eso…
 
Peter Parker, muchacho inhibido si los hay, es un adolescente que cursa el bachillerato y aspira a convertirse en científico. Introvertido y tímido, no tiene relación social con casi nadie a excepción de un amigo.
 
Huérfano, desde muy pequeño, vive con sus tíos Ben y May en una modesta casa en Nueva York.
 
Sus compañeros de estudios lo mortifican y las chicas lo ignoran, en especial Mary Jane, su vecina, de quien está profundamente enamorado desde los seis años, por supuesto sin que ella lo sepa.
 
La vida de Parker cambiará extraordinariamente, cuando, durante una excursión científica a un laboratorio, una araña genéticamente manipulada lo muerda. A partir de ese momento empezará a notar importantes cambios: no necesitará sus anteojos y comprueba, con asombro, que sus músculos, su fuerza y su agilidad se han multiplicado enormemente. Descubre que puede trepar por las paredes de los edificios y puede lanzar telarañas que brotan de sus muñecas. Además, adquiere una característica sensorial que le permite percibir la proximidad del peligro en situaciones amenazadoras.
 
Con la aparición de los poderes arácnidos, el tímido muchacho no pensó en perseguir criminales, no… nada de eso, quiere dinero, en lo posible efectivo para poder conquistar a su mujer amada. Sin embargo su primera jugada le sale tan mal, que interviene en el asesinato de su querido tío Ben.
 
A partir de ese momento Peter se jurará cumplir con responsabilidad lo que el destino, (¿o la araña?), le ha brindado: su misión en la vida como héroe.
 
Se ha convertido en el Hombre Araña: "Para bien y para mal, ésa es mi bendición y mi maldición", según sus propias palabras.
 
Después de este breve exordio, me gustaría hacer algunas reflexiones más allá de toda la parafernalia técnica y escenas de acción que se desarrollan en la película:
 
La mayoría de las críticas coincide que la película recoge lo medular de la historia original, su sustancia más íntima. Sin embargo, hay una diferencia que cambia esencialmente al personaje del comic con el del celuloide: en la historia original aparece claramente una dimensión reflexiva del personaje, un héroe que reniega de su condición. Así, durante años aparece el protagonista monologando sentado en las delgadas cornisas de los edificios casi a la altura de un "To be or not to be" al modo de un Hamlet moderno.
 
El Hombre Araña dudaba, "ser o no ser", ser o no ser héroe, esa era la cuestión.
 
Lacan, en el seminario "El deseo y su interpretación", plantea que: "Hamlet, desde el principio del juego, es culpable de ser. Le resulta insoportable ser”. Salvando las distancias, la tragedia del Príncipe de Dinamarca no es muy diferente al drama de Peter Parker de la primera versión. Él también está preso de su ser o no ser, aunque de diferente manera. La situación para el personaje es sumamente trágica: la deuda con el otro se vuelve insoportable.
 
El 2002, nos arroja a un Hombre Araña, que en lo que a su subjetividad se refiere, parece estar en otro tiempo. No hay ningún tipo de cuestionamiento en torno a ser o no ser héroe. La dimensión dubitativa del personaje desaparece. Lo que aquí prevalece no es la duda, sino que él, prefiere ni siquiera mirar.
 
Este arácnido posmoderno, opera de otro modo con la demanda del Otro; la dificultad para cumplir con su mandato ya no le genera problemas.
 
El conflicto actual llevado a la pantalla por el mismo autor del original, Stan Lee, toma como núcleo de la tragedia del héroe: el amor.
 
Si hay algo claro que aparece en la película, es que Parker esta enamorado de Mary Jane. Amor del que esta sumido desde su tierna infancia, amor a la distancia, amor imposible, amor inalcanzable.
 
Amor inaccesible hasta que aparece en escena ese otro Parker desdoblado en el Hombre Araña. Cuando encarna el papel de héroe, puede tener otro tipo de acercamiento. Ahí, con el traje arácnido, promueve una actitud mucho más activa, se pasea con ella entre telarañas de amor, besos, abrazos y piruetas acrobáticas por Nueva York.
 
Digamos que hasta el final de la película la cosa funciona relativamente en armonía: como Peter Parker su amada aparece como imposible, como Hombre Araña no.
 
El gran problema de esta historia y la gran diferencia con el guión original, se produce en la última escena de la película. Escena que parece tener vida propia: en la tumba de su archí-enemigo el Duende Verde, Mary Jane, la muchacha inalcanzable, se da cuenta que en realidad no es al arácnido hombre al que ama, sino, (¡sí aunque usted no lo crea!) …a Peter Parker.
 
Es el momento de gloria de la película, esa mujer llorando le dice que no va a seguir buscando hombres que le den cierto brillo fálico, que la mantengan. ¡No!, ama a ese timorato muchacho que en realidad hasta hace poco ignoraba.  
 
Peter Parker está en la oscuridad en lo que a su deseo se refiere, puede amar a Mary Jane pero solamente como el Hombre Araña, por tanto, la declaración de amor de esta mujer más que ser un anhelo realizado se convierte en un verdadero problema.
 
Peter nos demuestra que por más super-héroe que sea, no se escapa a las miserias de la obsesión. El obsesivo no se cansa de instalar su objeto de investidura amorosa en es lugar donde para ser amado, el objeto debe hacerse el muerto, es así que la maquinaria deseante solo gira a plenitud con esta condición. Única condición que permite a su deseo no tropezar con ninguna inquietud.
 
Hasta la escena del cementerio, la cosa funcionaba sin demasiado sobresalto para nuestro héroe, pero a partir de la jugada -el ya a esta altura Obsesivo Araña- no tiene más remedio que hacer algún movimiento frente a tamaña osadía por parte de Mary Jane.
 
Esta escena, clave en lo que a tragedia del deseo se refiere, es donde definitivamente permite a Peter Parker asumir su condición de héroe-mártir.
 
Quien ha visto este tipo de películas Hollywoodenses se imagina el beso apasionado y la promesa de amor perpetuo. Sin embargo, con la misma rapidez y contundencia mostrada en la lucha física, él, ya definitivamente Hombre Araña le espeta un “no puedo ofrecerte más que mi amistad” y sale presuroso de la escena.
 
Esta escena no tiene lógica en lo que a película e historia arañesca atañe, sin embargo adquiere una absoluta solidez en lo que a lógica del obsesivo se refiere.
 
Que mejor lugar que declararse a un obsesivo que en un … CEMENTERIO.
 
Deseo imposible sitiado, ¿cómo jugar con quien se corre del juego?. Todo aquello que pueda encender el deseo será anulado. Nada tan magníficamente realizado que la escena de la declaración de amor por parte de Mary Jane a Parker, no al héroe-Hombre Araña.
 
A Parker, no le quedará otro remedio que dejar a su idolatrada mujer llorando de amor no correspondido y alejarse de la escena acompañado de las palabras de su tío-padre “un gran poder implica una gran responsabilidad”, como una tibia música que resuena de fondo de esta tragedia. Ninguna chispa del deseo debe tocarlo y por eso su deseo se torna imposible.
 
Las cuentas están otra vez en cero, el deseo vuelve a estar muerto, la imposibilidad triunfa a través del sacrificio personal.
 
Tal cual el neurótico obsesivo, el Hombre Araña, es incapaz de soportar la falta que el deseo del Otro presentifica, recurre a la picardía de ofrecerse como esa garantía imposible al Otro. Construye un tirano que lo bastardea y al cual se ofrece como sometido esclavo, en este caso el de un verdadero súper-héroesclavo.
 
Peter Parker se ha convertido en el agente, no de la venganza como Hamlet sino de ser responsable de sus actos “Un gran poder implica una gran responsabilidad”, perdiéndose él mismo tras eso.
 
La oblatividad es quien se convierte en la verdadera protagonista de la película. Oblatividad es un término que utiliza Lacan como “un sensacional invento del obsesivo” y hay que entenderlo como la solución al deseo que es igualarlo a la demanda del Otro.
 
La tragedia del Hombre Araña da paso a una estructura de ficción donde se pone en primer plano la posición frente a la castración del personaje, el ardid apunta a una posición subjetiva, el Obsesivo Araña monta su teatro para hacer del Otro un Otro totalmente calculable. Teatro del héroe que evita exponer el único punto que lo precipita en la angustia: su deseo.  
 
  
 
 
Acerca del Acto, Pasaje al acto y Acting-out
Daniel Larsen *
 




















Para los que desarrollamos nuestra práctica de analistas en instituciones hospitalarias, sobre todo en hospitales generales, en los que los Servicios de Salud Mental son considerados como una especialidad mas de 
la medicina, encontrarnos con pedidos de interconsultas caracterizados de “¡urgentes!” es algo por demás frecuente, hasta diría que cotidiano. Pero ¿de qué urgencia se trata? o ¿de quién es la urgencia en cuestión? Debemos reconocer, aunque no nos guste, que la mayoría de estos pedidos caracterizados como urgentes tienen que ver con situaciones en las que algún paciente, por equis motivo, como por ejemplo una excitación psicomotriz, haya logrado producir una ruptura en el equilibrio del lugar (una Sala de internación, por ejemplo), provocando, de esta manera, un desorden que escapa al control del personal profesional y no profesional.
La interconsulta solicitada a Salud Mental tendría el objetivo de que el psiquiatra logre restablecer el orden y equilibrio perdidos, o sea, que vuelva a poner las cosas en su lugar. Digamos de paso que no es casualidad que se asocie la función del psiquiatra con la función de la policía . Quizá el ejemplo parezca exagerado pero, en diversos grados y con algunas variantes, esta es la estructura que se encuentra en la mayoría de las interconsultas pedidas con urgencia a Salud Mental.
Es evidente, por otro lado, que el término está demasiado impregnado de connotaciones médicas que debemos despejar, poder hacer a un lado, si queremos abordarlo desde el punto de vista del psicoanálisis. Lo cual no significa, cabe aclararlo, que no existan situaciones en las que nuestra intervención cobra un carácter de “urgente” como puede ser, por ejemplo, el caso de una anorexia grave o los casos de intentos de suicidio fallidos que vemos ya sea por guardia o internados en alguna sala del hospital.
Ahora bien, la mayoría de estas “situaciones de urgencia” no nos permiten, por la singularidad de cada caso, ir demasiado lejos a nivel de la teoría por lo que vamos a limitarnos, en este trabajo, a los conceptos de acting-out, pasaje al acto y su diferencia con el acto.
Acting-out es el término que ha elegido Strachey para traducir el agieren freudiano de “Recuerdo, repetición y elaboración” donde Freud plantea que hay ocaciones en que lo reprimido, en lugar de retornar en los recuerdos, o sea, a nivel del pensamiento, aparece en acto como transferencia-resistencia, constituyéndose en un obstáculo para la continuidad del trabajo psicoanalítico. Muchos autores lo han entendido (por el out) como transferencia lateral, o transferencia sin analista, o fuera del análisis o fuera del consultorio. Coincido con Colette Soler en que “no hay fuera del análisis desde que el sujeto entra en la transferencia. Tampoco quiere decir fuera del consultorio del analista, quiere decir, para comenzar, fuera de la esfera de los recuerdos. Digamos mas bien, fuera de la esfera de lo que se dice.”(1)
Lacan, por su parte, retomó, en distintos momentos de su enseñanza, el concepto de acting-out pero para darle un nuevo estatuto. Veamos un ejemplo, quizá el más paradigmático de los que analiza en relación a este tema, me refiero al paciente de Kris conocido como “el caso de los sesos frescos”. Se trata de un sujeto -nos comenta Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder”- inhibido en su vida intelectual y especialmente en lo que hace a la publicación de sus investigaciones debido a que siente un impulso a plagiar que no puede controlar. Ante esta situación el analista cree necesario ir a las fuentes del supuesto plagio, o sea va a la realidad y “habiéndose asegurado de que su paciente no es plagiario cuando cree serlo, pretende demostrarle que quiere serlo para impedirse a sí mismo serlo de veras -lo que llaman analizar la defensa antes de la pulsión.” Como respuesta a esta intervención (más bien como réplica dirá Lacan) el paciente relata que “desde hace algún tiempo, al salir de la sesión, ronda por una calle que abunda en restaurancitos atractivos, para atisbar en los menús el anuncio de su plato favorito: sesos frescos.” Mas que ver en este relato, como pretende Kris, una confirmación de su intervención, Lacan lo toma como un claro ejemplo del valor correctivo del acting-out, como si fuera un mensaje en el que el paciente le estuviera advirtiendo a su analista­: está errando usted el blanco. “Esta mostaza después de cenar que el paciente respira, me parece que dice mas bien al anfitrión que faltó durante la cena”, para agregar “No es que su paciente no robe lo que importa aquí. Es que roba nada. Y es eso lo habría que haberle hecho entender.”(2)
El acting-out es, para Lacan, una acción inmotivada, enmarcada en cierta escenificación, que es relatada como situación repetida, que se realiza generalmente fuera del espacio de la sesión pero dirigida al analista y que tiene como función mostrar y aislar un objeto.
Aquí me parece conveniente detenernos para hacer un pequeño rodeo por la teoría para poder continuar.
Lacan, para dar cuenta de la función del fantasma utiliza una metáfora: la de un cuadro que se coloca en el marco de una ventana “más allá de los encantos que puedan pintarse sobre la tela, aquello que está en juego es no ver lo que se ve por la ventana.” Conocemos, por otra parte, la fórmula del fantasma en la cual el $ se encuentra en una relación de conjunción-disyunción con el objeto, objeto que es su condición de goce pero que le obtura, al mismo tiempo, la posibilidad de encontrarse con la causa de su deseo.
Ahora bien, esa tela pintada de un cuadro en el marco de una ventana que es el fantasma tiene dos facetas: por un lado oculta lo que se podría ver del otro lado de la ventana: el deseo del Otro; pero por otro sin esa tela-pantalla no tendríamos forma de acceder a ese deseo del Otro en relación al cual se constituyó el sujeto. Es decir que el fantasma oculta y revela al mismo tiempo. Es por eso que está ubicado en el grafo del deseo sobre una doble vía: por una parte, el vector que va hacia arriba remite al deseo del Otro, que es la dirección que debería seguir un análisis, hacia lo que Lacan llama el significante de la falta en Otro y, por otra, remite al síntoma y más abajo al yo (moi). Agreguemos, de paso, que todo el grafo está pensado en función de una pregunta funfamental: la del deseo del Otro, el enigma del che vuoi?, cuya respuesta es intolerable porque remite a la castración del Otro en tanto que deseante. Las respuestas que se ubican por debajo del significante del la falta en el Otro, tienen como función obturar esa respuesta intolerable que es la castración del Otro. El fantasma es la primer respuesta si tomamos el vector que va hacia abajo pero, si lo pensamos desde el punto de vista del sentido que persigue un análisis, constituye la última barrera ante el deseo del Otro.
Ahora bien, la cuestión que está como trasfondo de lo que estamos diciendo es la siguiente; ¿cuál es el peligro que está en juego?, o ¿porqué la aproximación del deseo de Otro es vivida por el sujeto como tan peligrosa? Lo que despierta la angustia del sujeto (la que Freud llama traumática, no la angustia señal que es sentida a nivel del yo), lo que hace aparecer la vivencia de lo siniestro es la posibilidad de que el sujeto sienta que queda ubicado en la posición de objeto del deseo del Otro y, por lo tanto, exiliado de su subjetividad.
Si retomamos ahora nuestro tema podemos afirmar que el acting-out implica una vacilación fantasmática, una falla en la función de separación que el fantasma tendría que sostener entre el sujeto y el objeto, produciendo una confusión en la que el sujeto queda como absorbido por el objeto en su valor de goce. La función del análisis es ir en contra de ese goce fantasmático, tratando de recortar al sujeto de ese objeto, de separarlo, de que pueda reconocerlo como perdido y, de esta manera, aceptando su pérdida, poder transmutarlo en objeto causa de su deseo.
Otra cuestión: ¿es interpretable un acting? No, ya que si bien es un mensaje al Otro, incluso, se podría decir, un llamado a la interpretación el problema es que no hay sujeto que pueda recibir la interpretación. Creo que, al igual que un síntoma que aún no ha entrado en transferencia, nuestro esfuerzo debe apuntar a subjetivarlo, a intentar tomarlo en la transferencia.
Veamos ahora otra citade Lacan: “Con referencia al acto en tanto es lo que se quiere decir, todo pasaje al acto se opera como contrasentido. Deja a un lado el acting-out donde lo que se dice no es sujeto sino verdad,”(3)Aquí Lacan está dando cuenta de una convergencia entre el decir y el querer en el acto y lo contrasta con el pasaje al acto que sería más bien del orden del “no querer decir”. En los dos casos existe un rechazo del saber pero de características muy distintas: si el acto se amarra a un imposible de saber probado (es decir, que a diferencia de la fantasía donde todo es posible, no hay acto que no implique esa confrontación con lo imposible) el pasaje al acto implica un rechazo a probar el saber que no es imposible y, además, deja completamente fuera de juego a todo aquel que podría encarnar circunstacialmente esa instancia.
En varias oportunidades, por otro lado, Lacan ha dicho que el único acto totalmente logrado era el suicidio, lo cual se sigue sosteniendo como si ya formara parte del dogma psicoanalítico. Esto depende del punto de vista que se adopte, es decir, si hacemos incapié en que el suicidio implica una ruptura total, una separación absoluta con el Otro entonces no habría dudas de que, en ese sentido, sería el único acto logrado. Pero si, como nos enseña la ética, consideramos que el concepto de acto es inseparable del de responsabilidad, no podemos concebir como logrado un acto en el que no existe un sujeto que se haga cargo de las consecuencias de su acto. No está demás recordar que sólo a posteriori podemos saber si hubo acto o no, por las consecuencias y, sobre todo por los cambios producidos a nivel del sujeto, que ya no puede ser el mismo que era antes porque el acto, si realmente lo es, lo modifica al punto de tranformarloen un nuevo sujeto.
Por otra parte, digamos que el pasaje al acto no es tan frecuente como generalmente se cree. En la mayoría de los casos de intentos de suicidio fallidos que vemos, ya sea en el hospital o en el consultorio privado, podemos comprobar que se trata más bien de casos de acting-out, en los que encontramos conservada la dimensión del Otro, como destinatario de un mensaje que la escena del acting intenta hacerle llegar. De todas maneras, las fronteras entre acting-out y pasaje al acto muchas veces son poco claras por lo cual me parece que es un tema merecería ser más investigado.
Para concluir, y para alivianarnos de tanta teoría, quiero citar la reflexión de un escritor, un novelista que además es un pensador, se trata de Milan Kundera: “¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero porqué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.
La comitiva de mujeres desnudas alrededor de la piscina, los cadáveres en el coche fúnebre, que se alegraban de que Teresa estuviera muerta como ellos, ese era el ¨abajo¨ que la espantaba, del cual ya había huído una vez, pero que la seducía en secreto. Ese era su vértigo: era la llamada de una dulce (casi alegre) renuncia a su destino y a su alma.”(4)
Bibliografía
(1) Colette Soler. Finales de análisis. Editorial Manantial. Buenos Aires, 1988, pág. 95.
(2) Jacques Lacan. La dirección de la cura y los principios de su poder. Editorial Siglo Veintiuno, México, 1981,pág. 231-232.
(3) Jaques Lacan. Reseñas de enseñanza. Editorial Manantial. Buenos Aires, 1984, pág. 43.
(4) Milan Kundera. La insoportable levedad del ser. Editorial Tusquets. Buenos Aires, 1986, pág.67.
 


[*] El presente escrito ha sido publicado con anterioridad en:
"El psicoanalisis y el hospital". Número 13 - "La Urgencia". Ediciones del Seminario, Buenos Aires, Invierno de 1998.
 

* Psicoanalista - Lic. en Psicología por la Universidad de La Plata. Buenos Aires. Argentina. Docente de la cátedra de Teoría psicoanalítica del Dr. Rolando Karothy. Ha escrito y publicado diversos artículos y ensayos en publicaciones digitales y graficas. Datos del autor: http://www.arespsi.com.ar/DL/DL.htm
E-mail daoslarsen@hotmail.com - Cel.: 154 - 928 - 1572
 


Una Mirada de la Psicosis
Llamados autistas. Thomas, Klein y Lacan
 
Gabriel Guerrero *
Publicado en Revista Arg. Psikeba Nº 4
 
La lectura psicoanalítica de la serie de fenómenos agrupados por Kanner dentro de la entidad denominada Autismo conduce a Marie-Claude Thomas a considerar a dicha entidad como una “invención” determinada por una serie de concepciones que responden a un marco epistemológico preciso, el cual participa el de la estructuración y el sostenimiento del síntoma.
En “Lenguautismo” Thomas dice que “En 1943, Leo Kanner, con su artículo princeps “Autistic Disturbance of affective contact”, inventaba el autismo infantil precoz; (...) Autismo cuyo fundamento se refería a la no afectividad (...) o a la ausencia de un amor que ligaría las palabras del lenguaje a las cosas del mundo (...) Autismo apropósito del cual son hechas las intervenciones actuales sin tener en cuenta esta dimensión de invención (...).”[1] En “Temple Cyborg (una filosofía muy menor)” agrega que “(...) la invención consiste por una parte en recubrir con éste término la propia impotencia para nombrar y para concebir lo que ella inventa, a saber: la destrucción de la capacidad hablante de la lengua, otra manera de decir los efectos de la mutación de principio del lenguaje; y consiste por otra parte en dis-simular (...) una estructura, una organización que excede, desde todos los puntos de vista lo que ese término le transmite a Kanner, a la paidopsiquiatría: una nueva configuración de un vínculo social en el cual no solamente los niños llamados autistas están atrapados, sino también nosotros mismos, (...)”[2].
El cuadro clínico concebido por Kanner y su terapéutica se enmarcan dentro del Behaviorismo, cuya metodología ha tenido influencias en campos tan diversos como la lingüística, el derecho, la pedagogía, la lógica, la estética, etc. El Behaviorismo nace con Watson cuyo proyecto es la modificación del comportamiento humano, en base a las experiencias de Pavlov que lo llevaron a distinguir el reflejo fisiológico del reflejo condicionado. En “Pavlov y los reflejos condicionados” Rojas Piloni y Eguibar Cuenca describen dicha experiencia en estos términos: “(...) si se introduce alguna sustancia de naturaleza ácida en la boca de un perro, el animal presenta una reacción de defensa realizando movimientos con la cabeza y aumentando la secreción de saliva. Esta respuesta es lo que Pavlov denominó reflejo incondicionado e innato. El segundo hecho es someter al perro a otro estímulo (el repique de una campana, por ejemplo.) para aplicar inmediatamente después el ácido en la boca. Con solo repetir varias veces esta experiencia, el perro comenzará a salivar al escuchar el sonido que, durante el entrenamiento, precede a la aplicación del ácido (...) la respuesta de salivación por efecto del ácido no está mediada por ninguna condición (...)” en cambio “ (...) la respuesta de salivación provocada por el estímulo auditivo es un nuevo reflejo que no se presentó antes (...)” [3]. Thomas sitúa el reflejo condicionado en la distancia que media entre el estímulo y la respuesta.
 
 
     Reflejo Condicionado
   Estímulo --------------------------------------- Respuesta
(Sonido de la campana)                        (Salivación)
 
 
Siguiendo este esquema, agrega que, en esa misma distancia en que se colocan los reflejos condicionados, Wundt ubica la conciencia y Freud el aparato psíquico, tal como fuera desarrollado en el “Proyecto de una psicología para neurólogos”[4] y en el capítulo siete de “La interpretación de los sueños”[5]. Watson, en cambio, no va a ocuparse de lo que sucede entre el estímulo y la respuesta por eso es que a su corriente se la define como antimentalista y es este el marco epistemológico dentro del cual se sitúa la paidopsiquiatría de Kanner.
 
El término autismo ya había sido empleado por Bleuler, en 1911, para designar uno de los rasgos de la esquizofrenia. Kanner lo toma de allí y lo concibe como un síndrome clínico independiente donde “ Lo excepcional, lo patognomónico, el desorden fundamental es la incapacidad de los niños para establecer relaciones normales con las personas y reaccionar normalmente a las situaciones desde el principio mismo de la vida (...) estos niños han venido al mundo con una incapacidad innata para constituir biológicamente el contacto afectivo habitual con la gente, así como otros niños vienen al mundo con discapacidades físicas o intelectuales innatas.[6]” Este síndrome se compone de una serie de rasgos que le son propios y a los cuales se les asigna una etiología de carácter biológico en relación a la cual, Thomas, afirma que hasta la fecha no ha sido demostrada.
 
 
El cuadro autista se configura en función de estos signos:
 
1) Para un niño autista el otro no existe.
2) Si el niño habla no se dirige a otro, su lengua no tienen dirección.
3) Mudez
4) Desapego afectivo.
5) Intolerancia a cualquier situación de cambio que se manifiesta en crisis.
6) Soledad extrema vinculada con una marcada indiferencia ante el mundo externo.
 
 
Parecería ser que lo nombrado en los ítems que van del uno al cuatro son distintas formas de manifestarse lo que se sitúa en el punto seis, es decir, “Soledad extrema vinculada con una marcada indiferencia ante el mundo externo”, pero contradice lo señalado en el punto cinco, dado que si al niño llamado autista, el mundo externo le es indiferente ¿como puede reaccionar con una crisis ante una situación de cambio? Si la crisis se desata como correlato de la percepción de una modificación en su mundo circundante, es decir, como un dato que evidencia una salida de la indiferencia, ¿por qué tomarlo como signo de autismo? Una de las posibles respuestas a este interrogante sería que la crisis se definiera por fuera de una conducta considerada normal. Lo cual llevaría a su apaciguamiento y correlativamente al sostenimiento del “Autismo”. Es desde esta perspectiva que Thomas indica que el “Autismo” es creado por el discurso del conductismo y se encuentra atrapado en el cognitivismo quién lo continúa en la actualidad.
 
En un curso de postgrado que lleva el nombre “Necesidades Educativas Especiales en trastornos del desarrollo” dictado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales se vierten una serie de consideraciones teóricas, enmarcadas dentro del cognitivismo, que conllevan a una clínica tendiente a la reeducación de las personas llamadas “Autistas” “No hay nada que produzca mejor estabilidad emocional que la sensación de control. Esto se traduce en, entre otras muchas mejoras, la disminución de las conductas disruptivas y desafiantes (...) [7].
 
Nosotros simplemente apuntaremos que perder la rutina, el orden, la estructura, el control, altera la estabilidad del individuo que no tiene nada para generar nuevas estructuras que den coherencia y sentido a los nuevos estímulos, hechos o acontecimientos.
 
“Hay también una estrategia de trabajo que produce también efectos extraordinariamente positivos; se trata del trabajo coordinado entre el terapeuta, el profesor y la familia.
El diseño estratégico de abordaje conjunto, el reparto de tareas, la definición de roles y demás, producen efectos positivos, tanto en la persona con trastornos del espectro autista como en quienes lo rodean”[8].
 
Thomas señala que este tipo de procedimiento implica un apoderamiento de los vínculos familiares y de la lengua materna por parte de la ciencia. Contribuyendo, con este tipo de estrategias, al “desapego afectivo” (4) que se señala como signo del cuadro. El autismo, entonces, surge como resistencia a este apoderamiento que hace la ciencia y desde este punto de vista es concebida la “mudez”. A si mismo agrega que, cuando se dejan de lado todos estos signos en la clínica, se observa que el niño se dirige a otros por medio de miradas, de gestos, de movimientos y se pueden observar las singularidades propias de cada niño. Comienza entonces a desarrollar los fundamentos teóricos por vía de los cuales se considera posible una clínica psicoanalítica de los niños llamados autistas. En función de ello inicia su investigación por lo que fuera el punto de partida del conductismo, cuyas concepciones se continúan en el cognitivismo, es decir, comienza por la lectura psicoanalítica de la experiencia pavloviana de los reflejos condicionados.
 
Rastrea las intervenciones que hace Lacan respecto de Pavlov a lo largo de sus seminarios [9] y las sintetiza del modo siguiente: La experiencia por vía de la cual se demuestra la existencia de los reflejos condicionados, se sitúa dentro del marco del lenguaje. La campana, los timbres, son señales fabricadas por seres, es decir son significantes que introducen un corte en el ciclo de las necesidades del animal. Corte producido por el deseo del experimentador [10]. En tanto el significante se define por ser lo que representa a un sujeto para otro significante, la experiencia de Pavlov queda formulada de esta manera:
 
      S1 S2
S
 
 
S1= Sonido de la campana.
S= Deseo de Pavlov.
S2= Secreción de saliva.
 
 
II
 
 
En “El reverso del psicoanálisis”[11] Lacan concibe el discurso del Amo estructurado del mismo modo en que por su lectura queda configurada la experiencia de Pavlov. Un discurso implica ciertas relaciones fundamentales que dependen del lenguaje, el discurso del Amo tiene como telón de fondo la dialéctica del amo y del esclavo con la que Hegel da cuenta del surgimiento de lo que llama “Autoconciencia” en la “Fenomenología del Espíritu” [12]. En el análisis que hace Kojeve [13], de esta obra de Hegel, se ven surgir los cuatro lugares que luego Lacan va a distribuir de manera proposicional para dar cuenta de lo que llama discurso.
 
El hombre adquiere conciencia de si, dice Kojeve, en el momento en que dice Yo impulsado por un deseo, es este el momento en el que el sujeto se diferencia de los objetos del mundo, es decir del no-yo. El deseo, entonces, empuja al hombre a la acción y esta acción es de entrada negatriz, destruye una realidad objetiva y crea una realidad subjetiva (se ejemplifica con la destrucción de la materia de un alimento para satisfacer el hambre). El yo del deseo es un vacío que recibe un contenido por vía de una acción negatriz que destruye, transforma, (continuando con el ejemplo del alimento la transformación implicaría la cocción) y asimila el no-yo deseado. A este nivel, sin embargo, se trata de un yo meramente viviente, a nivel de lo animal. Para que haya autoconciencia es necesario que el deseo se fije sobre una realidad que supere la realidad dada, siendo lo único que cumple esa condición el propio deseo, es decir el deseo es otra cosa que la cosa deseada, es la revelación de un vacío irreal, para que este yo se diferencie del animal debe dirigir su deseo sobre otro deseo. El deseo humano se dirige sobre el deseo de otro, para el humano un objeto puede ser deseado porque es deseado por otros. El deseo humano debe prevalecer sobre el deseo animal que tiende a conservar la vida. El hombre se considera humano si puede ir más allá, es decir, si puede arriesgar la vida en función de su deseo. Es por ese riesgo que la realidad se crea. Hablar entonces del origen de la autoconciencia es hablar del riesgo de la vida.
 
Desear el deseo del otro, quiere decir, desear que el valor que yo represento sea deseado por ese otro, querer que el otro reconozca mi valor como su valor, lo que determina al deseo humano ejerciéndose en función del reconocimiento que conduce a una lucha a muerte por puro prestigio. El deseo humano no existiría si no hubiera un enfrentamiento primordial entre dos deseos, pero en este enfrentamiento debe haber dos comportamientos diferentes, puesto que si la muerte se cumpliera en alguno de los dos contendientes, ya no quedaría posibilidad de reconocimiento, por lo tanto, uno debe ceder al otro, debe negar el riesgo de la vida, debe abandonar su deseo y satisfacer el deseo del otro, lo cual implica reconocer al otro como Amo y hacerse reconocer como esclavo.
El primer hombre que se enfrenta a otro hombre tiene la certeza subjetiva de ser un hombre, pero dicha certeza no es aún un saber, puesto que el valor que se atribuye puede ser falso, puede ser una ilusión la idea que se hace de si mismo, para que sea verdad es necesario que sea reconocido por otro. El amo debe elevar al rango de verdad la certeza subjetiva que tiene de si mismo. Esta verdad es entonces una verdad mediatizada por el reconocimiento del esclavo, quién, en adelante, va a trabajar en función del goce del Amo. Todo lo que hará el esclavo será una puesta en acción del deseo del Amo. El esclavo entonces constituye la verdad revelada del Amo, en tanto el Amo no es tal sino haciéndose reconocer por el esclavo.
 
Lacan establece un discurso configurado por cuatro lugares:
 
Agente             Trabajo
Verdad         Producción
 
En el discurso del Amo, el lugar del agente es ocupado por S1, que representa, en la dialéctica de Hegel, la afirmación primordial de un ser, Yo. En el lugar del trabajo, aquí, el del esclavo, lo ocupa S2 que designa una batería significante, un lugar previamente estructurado por un saber. De la aparición de S1 y su puesta en relación con S2 surge la Verdad donde Lacan coloca al sujeto del deseo, es decir, la castración del Amo que se enmascara por el trabajo del esclavo, lo cual implica que, el trabajo del esclavo, tiene dos sentidos, enmascara y dice la verdad del Amo. Del lado de la producción se ubica el objeto a, el plus de goce [14], la muerte concebida como ese más allá de la vida en función del cual hace su riesgo el Amo y adquiere su reconocimiento. El Amo transforma el saber del esclavo en saber del Amo no porque esté habitado por un deseo de saber, sino por una afirmación en base a la cual constituye su Yo, siendo el Yo la base en la que se apoya un saber en la medida en que no se sabe. El Amo frustra al esclavo de su saber volviéndolo inútil.
 
Dado que el conductismo es una construcción hecha sobre la base del esquema estímulo-respuesta, establecido por Pavlov, y que dicho esquema es ordenado por Lacan como respondiendo en su estructura a la del discurso del Amo, la captura de los niños llamados autistas dentro de una terapéutica que responde a este marco conceptual, solo deja un lugar donde poder designar al autista dentro de este discurso, el del esclavo. El Autismo colocado en este lugar, es soporte de un saber, vinculado a un saber hacer familiar, se trata de un saber que no se sabe, de un inconciente no revelado que organiza el mito familiar (Lacan define al mito como enunciado de lo imposible, lo cual implica un modo particular de tramitar lo real) y que se transmite por vía de la lengua. El discurso del Amo reprime lo que habita en el mito apoderándose de la lengua familiar.
Es esta la lectura que hace Thomas del vínculo trazado entre el conductismo y el niño llamado autista. ¿Y que es lo que propone como salida de esta situación de encierro? Toma ese saber reprimido, rechazado, dejado de lado por el discurso del Amo, ese resto y lo hace entrar en el lugar de agente, en el discurso del analista, lo que le da la función de causa del deseo, por otro lado, al sujeto analizante se le asigna un lugar dominante en el discurso, todos los significantes que el sujeto produzca desde esta posición, van a relacionarse con ese saber que no se sabe y que es lo que efectivamente trabaja. Es decir la inclusión de los niños, llamados autistas, en el análisis, implica la histerización del discurso del sujeto analizante:
 
 
 
Discurso del analista
 
 
a S
S2 S1
 
 
Discurso de la Histérica
 
 
S S1
a S2
 
 
 
III
 
 
El sujeto ocupando en el discurso de la histérica el lugar que en el discurso del Amo se le asigna a S1, designa la función de este discurso en tanto desvelamiento de la castración del Amo, por la sustracción del sujeto del lugar del esclavo, es decir, del lugar de objeto de deseo del Amo que se resiste a ocupar. El esclavo sostiene a un Amo ocioso, interesado solo por la adecuación de su mandato con una respuesta de esclavo. El sujeto histérico, en cambio, sostiene al Amo pero animado por un deseo de saber lo que no se sabe, lo instituye como aquel que puede dar respuestas a lo imposible de simbolizar.
 
Es por vía de esta operación que Thomas hace entrar a los niños llamados autistas dentro del campo del psicoanálisis, lo que le asigna al conjunto de los fenómenos en función de los cuales Kanner configura esta entidad, el valor de síntoma. El autismo se plantea, entonces, como resistencia a un discurso que lo fuerza a adecuarse, a responder a un ideal de normatividad. Desde esta perspectiva el silencio, el mutismo de estos niños, se concibe como un punto de subjetivación, lo cual determina que “Querer que estos niños hablen, que los niños hablen – sin importar cual sea el método Teacch o incluso psicoanalítico –equivale a hacer reventar ese punto de subjetivación (…)” [15].
 
Sobre el final del seminario Thomas hace referencia al caso Dick que Melanie Klein trabaja en “La importancia de la formación de símbolos”[16]. Se describe allí a un niño que presenta el siguiente cuadro: actitud apática, producción de sonidos sin significación, imposibilidad de establecer con los objetos y las personas una relación afectiva. Thomas señala que de acuerdo con la descripción del caso, este niño, sería considerado, actualmente, autista. Sin embargo Klein hace una observación que destaca el carácter de resistencia [17] que adquieren los síntomas del autismo dentro del discurso del psicoanálisis “(…) la madre advertía a veces claramente en Dick una actitud fuertemente negativa, que se expresaba en que con frecuencia hacía precisamente lo contrario, de lo que se esperaba de él. Por ejemplo si la madre lograba hacerle repetir junto con ella algunas palabras con frecuencia Dick las alteraba, aunque otras veces podía pronunciar perfectamente esas mismas palabras”[18]
 
El negativismo de Dick es un saber (S2) que enlazan al analista y al analizante; del conjunto de juguetes que se le ofrecen, el niño apenas se interesa por un tren, elección que en el dispositivo analítico da cuenta del sujeto en el lugar dominante. “Tomé entonces un tren grande, lo coloqué junto a otro más pequeño y los designé como “Tren papá” y “Tren Dick”. Entonces el tomó el tren que yo había llamado Dick, lo hizo rodar hasta la ventana y dijo “Estación”. Expliqué: “La estación es mamita. Dick está entrando en mamita”[19].
 
 
Con esta intervención Klein introduce un S1 en función del cual se ordena la prosecución del caso. En “Los escritos técnicos de Freud”[20] Lacan dice que “Es el discurso de Melanie Klein el que injerta brutalmente, en la inercia yoica inicial del niño, las primeras simbolizaciones de la situación edípica”[21] Lo cual implica que, de entrada a Klein, se le plantea el caso a nivel del sujeto en la estructura del lenguaje – soporte del mito – y no a nivel del habla “La dificultad desusada con la que tuve que luchar en el análisis no fue su imposibilidad de expresarse verbalmente (…) la capacidad de expresión por medio de representaciones casi no existía, me vi obligada a interpretar sobre la base de mis conocimientos generales (…) se logró hacer evolucionar a la vez al yo y a la libido, solo por el análisis de los conflictos inconscientes y sin que fuese necesario imponer al yo ninguna influencia educativa (…)” [22]
 
Se observa, entonces, que el punto de partida de la técnica de Klein es radicalmente distinto al modo en que la madre de Dick trata de hacerlo hablar y en relación a la cual el niño se resiste, se opone, hace lo contrario, da, en síntesis, una respuesta especular.
 
“(…) es un niño de cuatro años que por la pobreza de vocabulario y desarrollo intelectual estaba a nivel de un niño de 15 a 18 meses”[23]. Período límite en el que se produce lo que Lacan determina como fase del estadío del espejo, fase en la que se sitúa una discordancia fundamental entre la vivencia de fragmentación, por el estado de prematuración orgánica en el que nace, y la imagen especular que lo capta como unidad antes de haber alcanzado el dominio de su cuerpo. En el seminario citado más arriba [24], Lacan introduce el esquema del ramillete invertido para dar cuenta del movimiento a partir del cual la imagen en el espejo puede ser asumida por el sujeto como propia, es decir, puede ser sustraída del otro alienante como forma vacía, sustracción que le posibilita nombrarse como yo y aprender con el tiempo a reconocer su propio deseo en forma invertida en el otro, como sucede en los fenómenos del llamado transitivismo infantil. A nivel de la experiencia kleiniana, el tren, designa el lugar del otro de Dick, que al entrar en relación con otros significantes, posibilita la constitución de un sujeto que estructura un juego, es decir que puede reconocer su deseo mediante el símbolo. Es este reconocimiento, por vía del símbolo del deseo de Dick, lo que posibilita el discurso del analista al darle la dominante al sujeto, la intervención de Klein introduce la posibilidad de concebir simbólicamente la destrucción del otro como cede de la alienación.
 
Lacan observa que la experiencia del fort/ Da, que describe Freud en “Más allá del principio de placer” [25] es también reconocida en un niño de 18 meses y agrega que “Mediante esta oposición fonemática el niño trasciende, lleva a un plano simbólico, el fenómeno de la presencia y de la ausencia. Se convierte en Amo de la cosa, en la medida en que, justamente, la destruye (…) la introducción del símbolo invierte las posiciones, la ausencia es evocada en la presencia y la presencia en la ausencia. (…) Por esta vía se comprende la técnica analítica. En ella se sueltan las amarras de la relación hablada, se rompe la relación de cortesía, de respeto, de obediencia respecto al otro (…) son las amarras de la relación con el otro las que intentamos cortar. A partir de ese momento el sujeto dispone de cierta movilidad en ese universo del lenguaje donde lo hacemos penetrar (…) todos nuestros intentos y nuestras consignas tienen como meta en el momento en que liberamos el discurso del sujeto, despojarlo de toda función verdadera de la palabra (…)”[26]
 
En función de lo desarrollado por Lacan, puede decirse que de lo que se trata en Dick es de la imposibilidad de poder pensar la destrucción del otro alienante en términos simbólicos lo que lo lleva a plantear su subjetividad en términos de resistencia, en oposición a la exigencia materna. Cuando Dick logra representar su deseo mediante un símbolo y lo ubica en relación a otros, el sujeto se conmueve, se pone en marcha. “Tomé entonces un tren grande, lo coloqué junto a otro más pequeño y los designé como “Tren papá” y “Tren Dick”. Entonces el tomó el tren que yo había llamado Dick, lo hizo rodar hasta la ventana y dijo “Estación”. Expliqué: “La estación es mamita. Dick está entrando en mamita”[27]
 
A nivel, entonces, del discurso del Amo, la destrucción se niega bajo la forma del sometimiento del esclavo al Amo, a nivel del discurso psicoanalítico la destrucción se hace pasar por el símbolo es decir se abren las puertas de la sublimación. En el mito de Hegel, atender al deseo de reconocimiento, implica suspender la necesidad vital (destrucción del objeto en función de satisfacer el hambre), por lo tanto, cuando el Amo se avoca a este reconocimiento arriesga la vida, el esclavo, en cambio, se mantiene a distancia de este riesgo, es decir, de la muerte, no desatiende su dominio sobre la naturaleza, su saber, y se somete al Amo, por lo tanto, en esta elección su saber se pone al servicio del Amo. Es por ello que Lacan concibe al saber (S2), como detención en relación a la muerte, al goce (a).
 
 
Freud concibe la muerte como una tendencia a volver a lo inanimado, a la nada a partir de la cual la tendencia vital puso en funcionamiento al psiquismo, concebido, en principio, como un aparato que tiende a la consecución de placer. Dentro de esta concepción, el pasaje de la inercia al movimiento es posible a partir de la primordial vivencia de satisfacción, momento que por su carácter original se plantea en términos de mito, en el que se supone una experiencia placentera producto del encuentro entre el cuerpo de la madre y el cuerpo del niño. Experiencia de placer, que, una vez producida, se pierde para siempre, se concibe como un real que cae (a), y que el sujeto cree recuperar por vía de la alucinación. Esta reconstrucción mítica se trama con los fenómenos de la experiencia de nutrición, donde se sitúa a lo erógeno apoyado sobre la base de la necesidad. El origen mitológico del psiquismo atañe a la erogenización, en tanto que lo que se trata de recuperar, por vía de la reproducción alucinatoria de la experiencia, es un excedente vinculado al placer y no a la nutrición. Si la satisfacción erógena se ubica, entonces, más allá de la necesidad vital, la muerte ingresa al aparato asociada con la sexualidad y debe hallar un corte, una detención, en función de poder conservar la vida. En el “Proyecto de una psicología para neurólogos”[28] Freud dice que esta detención – donde el principio de realidad surge en oposición al principio de placer - se produce por la irrupción de un displacer relacionado con un incremento de tensión vinculado a la necesidad biológica, es decir al hambre, pero la consideración teórica posterior, desarrollada en “El problema económico del masoquismo” [29], en donde se establece un masoquismo primario, da testimonio de que nada, inscripto en el organismo desde el origen, se propondría como capaz de detener una satisfacción pulsional [30]. Si el hambre exige un corte a la satisfacción alucinatoria, una detención en el circuito de placer, no es calidad de estado de necesidad puro que lo hace, sino en tato que afectada por el significante.
 
 
De la concepción lacaniana del esquema de Pavlov puede deducirse que es el deseo del Otro, encarnado en la madre, lo que instituye un corte. Se trata de un deseo que fuerza a este sujeto mítico a detenerse frente a la muerte, se trata de una imposición, de una afirmación primordial del deseo del Otro.
 
 
Desde la perspectiva de Hegel el sujeto del deseo es nombrado esclavo, el que no arriesga la vida, el que no hace valer frente al Amo su goce. Desde el punto de vista del psicoanálisis la introducción del significante Amo, implica castración, es decir, un límite al goce, a la absorción de un vacío que ceca a un sujeto alucinado por un placer imaginario. En este movimiento el Amo se ofrece a la destrucción del otro en tanto ofrece su cuerpo como alimento y objeto de placer, en dicho sentido arriesga su vida, es decir, el deseo del Otro aporta la vía de expulsión del masoquismo primario, posibilita que la muerte se exprese en sadismo.
 
 
El deseo del Otro abarca la serie de fenómenos que Klein describe como cuidados maternos y de cuya existencia hace depender la atemperancia de las ansiedades persecutorias que sitúa en el comienzo de la vida postnatal. En el caso Dick se da testimonio de algo que acontece con el deseo a nivel de esta experiencia primordial. Se señala que la lactancia había sido excepcionalmente insatisfactoria y perturbada, que incluso, el niño, había estado a punto de morir de inanición pese a la tentativa de la madre de amamantarlo “Posiblemente su desarrollo quedó afectado por el hecho de que, aunque recibió toda clase de cuidados, nunca se le prodigó verdadero amor; la actitud de la madre hacia él había sido, desde el principio de excesiva angustia (…) por otra parte ni su padre ni su niñera le demostraron mucho afecto”[31]. Luego se anota una modificación en Dick cuando irrumpe en su vida una niñera para la cual ese niño algo representaba, prueba de ello, es que luego de la intervención de Klein, es en dirección a dicha niñera, que el niño hace por primera vez un llamado. Los detalles respecto de la constelación familiar, ubican el desapego afectivo que se señala en Dick como reflejo del mal acogimiento del que es objeto. En este tren lo encuentra enganchado Klein y por vía de su intervención le aporta otra vía, introduce una significación que da testimonio del deseo, en tanto que es condición del deseo que al sujeto algo se le vuelva significativo.
 
Si el movimiento de Klein, introduce al niño en la estructura edípica, que Freud universaliza, es porque está ubicada, ella y el niño, en un discurso diferente de aquel en el que se encuentra alojada la madre y desde donde “(…) se le ocurrió pensar que su hijo era anormal (…)” [32]
 
 
 
[*] Reseña de seminario dictado por M. C. Thomas sobre el Autismo. Llevado a cabo en la ciudad de Córdoba entre el 26 y 27 de octubre de 2006.
 
 
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[1] Thomas Marie-Claude “Lenguautismo”. Versión inédita
[2] Thomas Marie-Claude “Temple-Cyborg – Una filosofía muy menor”. En Me cayó el Veinte, Delegación Cuauhtémoc, México, 2005, editorial Me cayó el Veinte. Pág. 11
[3]Rojas Piloni Gerardo y Eguibar Cuenca José Ramón, “Pavlov y los reflejos condicionados.”en Revista Elementos, Ciencia y Cultura, Mayo, 2001, Pág. 51.
[4]Freud Sigmund, “Proyecto de una psicología para neurólogos” Volumen 2, Obras Completas, Ed. Hyspamérica, Corrientes 1437, 4 to. piso – Buenos Aires,
[5]Freud Sigmund, “La interpretación de los sueños” Volumen 3, Obras Completas, Ed. Hyspamérica, Corrientes 1437, 4 to. piso – Buenos Aires.
[6]Autismo infantil, diccionario, Infobase.
[7]En la bibliografía de dicho postgrado se cita a Javier Tamarit quién define las “conductas desafiantes” en estos términos: “Conducta culturalmente anormal de tal frecuencia, duración o intensidad que es probable que se limite al uso de los recursos normales que ofrece la comunidad o incluso que se le niegue el acceso a dichos recursos”. Luego se citan Técnicas de adquisición de nuevos comportamientos: Reforzamiento positivo (Consiste en otorgar una gratificación tan pronto como el sujeto realiza lo esperado (…) / Reforzamiento negativo: Consiste en retirar un estímulo aversivo que precede a un comportamiento. / Modelamiento: su objetivo es obtener una conducta nueva, brindando un modelo (…).
[8]Nieto Carmen, “Flexibilidad en el espectro autista” (clase , en “Necesidades Educativas Especiales en Trastornos del Desarrollo” – FLACSO.
[9]Clase del 23 de abril de 1958, Seminario “Las formaciones del inconsciente”.
Clase del 12 de diciembre de 1962, Seminario “La angustia”.
Clase del 10 de junio de 1964, Seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”
Clase del 15 y 22 de noviembre de 1967, Seminario “El acto psicoanalítico”
Clase del 26 de junio de 1973, Seminario “Aún”.
[10]En el seminario “Las formaciones del inconsciente” Lacan se refiere a la necesidad en estos términos “(…) no hay estado original ni puro de la necesidad (…) porque desde el origen, la necesidad está motivada sobre el plano del deseo, es decir de algo que en el hombre está destinado a tener una cierta relación con el significante (…)” señalando con ello que desde el inicio de la vida, la necesidad de alimento, por ejemplo, ya es impuesta en el niño por el deseo de la madre.
[11]Lacan Jaques, “El reverso del psicoanálisis”, Editorial Paidos, defensa 599, Buenos Aires, febrero de 1999.
[12]Hegel G.W.F. “Fenomenología del espíritu”, Ediciones F.C.E. España S.A., Madrid, 1966.
[13]Kojeve Alexandre, “La dialéctica del amo y el esclavo en Hegel”, Editorial La Pléyade, Maza 177, buenos Aires.
[14]La denominación del a como plus de goce se esclarece cuando se vincula con esa notación de la diferencia de cualquier experiencia de satisfacción, respecto de la primera, donde la satisfacción esperada se relaciona con un más allá del límite, con un excedente que no tiene que ver con la satisfacción de la necesidad. Lacan lo liga con un festín y da el ejemplo del sueño de Anna relatado por Freud (Fresas, Frambuesas, etc.)
[15]Thomas Marie-Claude “Temple-Cyborg – Una filosofía muy menor”. En Me cayó el Veinte, Delegación Cuauhtémoc, México, 2005, editorial Me cayó el Veinte. Pág. 18.
[16]Klein Melanie, “La importancia de la formación de símbolos”, en Psicoanálisis desarrollo temprano.
[17]Si la histerización del discurso del analizante, es función del discurso del analista, es una vez producida que puede pensarse al autismo como resistencia.
Freud sitúa a la resistencia como un momento de detención de las asociaciones del analizante, donde se produce una notación, súbita, de la presencia del analista, lo que descubre un lazo entre resistencia y transferencia. Lacan para dar cuenta de este fenómeno nombra dos funciones de la palabra: 1) revelación, mediante la deformación del inconsciente. 2) mediación entre el yo y el otro. La resistencia se produce en un cierto tiempo en que la palabra decae como revelación – por la cercanía del sujeto con algo que es del orden de su verdad – y reaparece como mediación entre el yo y el otro. La captación de la presencia del otro, que interrumpe el discurso, es la resultante de una proyección del yo del analizante sobre la persona del analista. El yo irrumpe en tanto que defensa de su función esencial que es el desconocimiento. Se impone dejando restos de palabras que el sujeto hubiera querido formular. Las palabras entrecortadas de Dick, desde esta perspectiva, pueden leerse como efecto de esa intrusión que ejerce la madre. Como a producido por el discurso del Amo, que dan testimonio de su castración en el ejercicio de su dominio.
[18] Ibidem cita 14, pag. 65.
[19]Ibidem cita 14, pag. 72.
[20]Lacan Jaques, “Los escritos técnicos de Freud”, Editorial Paidos, defensa 599, Buenos Aires, febrero de 1992.
[21]Ibidem cita 17, pag. 137.
[22]Ibidem cita 14, pag. 71.
[23]Ibidem cita 14, pag. 65.
[24]Ibidem cita 17.
[25]Freud Sigmund, “Más allá del principio de placer” Volumen 13, Obras Completas, Ed. Hyspamérica, Corrientes 1437, 4 to. piso – Buenos Aires.
[26] Ibidem cita 17, pag. 257/9.
[27]Ibidem cita 14.
[28]Ibidem, cita 4.
[29]Freud Sigmund, “El problema económico del masoquismo” Volumen 15, Obras Completas, Ed. Hyspamérica, Corrientes 1437, 4 to. piso – Buenos Aires
[30]En la concepción de un masoquismo primordial el psicoanálisis se diferencia de la perspectiva evolucionista.
[31]Ibidem cita 16, pag. 67
[32]Ibidem, cita 16, pié de pag. 67
 
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* Licenciado en Psicología Universidad J. F. Kennedy. Psicoanalista. 
 
El paradigma del desencadenamiento. Jacques Lacan y el campo de la psicosis
José Méndez*










 


















A- Introducción
Con la desaparición de Lacan, en el campo de la psicosis, quedan extendidos los lazos para anudar con mayor teoría la clínica. La segunda clínica de Lacan deja preparada cuestiones que serán abordadas por sus discípulos en este campo. Es posible, que estemos en los principios de esta consolidación de una primera etapa en estas cuestiones, los encuentros de Anger, Arcachon y Antibes, en los fines del 90´,  podrían ser considerados incipientes movimientos que intentan plasmar, una relectura de la herencia lacaniana en materia de psicosis. Esta evolución de conceptos, por el momento, parece algo dispersa y debe consolidarse con la clínica.
El concepto de la forclusión del nombre del padre, no modificó el planteamiento de la cura analítica en la psicosis, no obstante, luego de la muerte de Lacan algunos de sus discípulos comienzan con “el otro centramiento” del que habló el “maitre”; si bien lo no reprimido no se interpretará, será posible alguna elaboración. Se modifica, entonces la clínica de la psicosis apuntando a una moderación del goce para permitir una elaboración de suplencias. Esto cuestiona la pertinencia del concepto de forclusión del nombre del padre.
La pluralización del nombre del padre, su declinación y aplicación en los nudos borromeos y la fijación final al síntoma permitieron el encuentro con otras soluciones subjetivas en materia de suplencia a la función del Padre.

Precisamente, la pluralización del Nombre del Padre, permite la apertura hacia una ley subjetiva que se sostiene en el sinthome ya que este anuda el goce-sentido, por lo cual el Nombre del Padre ya no puede ser considerado un universal, sino una invención subjetiva posible. La forclusión no será, entonces, entendida como un universal a reparar, existirá la posibilidad de suplencias en la psicosis, relacionadas con la clínica borronea. De esto se testimonia en Angers, Arcachon y Antibes. Entonces, tenemos:
1) Primera clínica, discontinuista con el mantenimiento de categorías netas como neurosis-psicosis-perversión. Es segregativa, con un rasgo diferencial permanente –el Nombre del Padre- cuya represión o forclusión define una estructura neurótica o psicótica.
2) Segunda clínica, continuista, dedicada al estudio de las deformaciones o rupturas de los anudamientos de la estructura del sujeto. En la que no se puede distinguir un elemento diferencial, que no es segregativa y a partir de la cual se amplía la concepción del Nombre del Padre, se toma su pluralización. Entonces, la metáfora paterna es un aparato del síntoma entre otros cuyo fin será el de garantizar la articulación entre la operación significante y sus consecuencias sobre el goce del sujeto.
Ubicadas estas dos concepciones clínicas, podríamos formularlas a modo de matemas para globalizar las ideas de este escrito:
 
  • Formulación básica
 
Para toda psicosis hay forclusión del Nombre del Padre
"PS Þ -NP
 
  • Formulación “canónica”
 
Para toda psicosis, ante Un-Padre equivale un desencadenamiento
"PS<Un-Padre º Dsc
 
  • Formulación extendida
 
Para toda psicosis, ante Un-Padre, no siempre equivale a un desencadenamiento
"PS< Un-Padre ¹ Dsc
 
B- Un comienzo: la constitución del paradigma
El concepto de desencadenamiento es un término lacaniano, correspondiente a la teoría de la psicosis que designa el inicio con evidencia clínica de la estructura. El acercamiento teórico de la psiquiatría pueden pensarse así:
  • la locura fue asociada como una enfermedad más de cuerpo.
  • la psiquiatría clásica habla de “descompensación, pero como fenómeno clínico, y no como concepto estructural.
El concepto de desencadenamiento en Lacan, y como paradigma inicial reúne tres cuestiones:
  • Una causa accidental, siempre incierta y casual: el encuentro con Un-padre.
  • La disolución de una estabilización: identificaciones puramente conformistas
  • La operatividad de una causa específica: forclusión del Nombre-del-padre
Estos tres rasgos fundamentales del desencadenamiento, además de convalidar los dos primeros matemas, tienen su evolución en la bibliografía lacaniana:
Hasta 1957
La Familia (1938). Anticipando la postulación de 1957, Lacan concebía el desencadenamiento a partir de una estructura que reproduce el momento culminante del Complejo de Edipo y que revela su fracaso. En estas circunstancias, el objeto paterno de la identificación edípica no conseguía superar al objeto del deseo, dejando de esta forma al sujeto enfrentado sin mediación con imágenes narcisistas.
A partir del 60´
Lacan mismo señala dos formas distintas de desencadenamiento:
1) Seminario 3. Pág. 360 ”si, si, si, al vecino
A ciertos sujetos psicóticos se les presenta la angustia cuando la situación les exige sostener su opinión o asumir sus responsabilidades.
2) De una cuestión preliminar…: Los sabios psicóticos (Cantor, Janos, Julios Robert von Mayer, etc.). revelarán que no siempre el Padre está presente en el desencadenamiento psicótico.
Se impone un giro en la incompletud del Otro: la hiancia de lo simbólico no se puede reducir,  cada sujeto se tiene que adaptar a ella. Entonces el nombre del Padre (ahora escrita como S(A), se transforma en el significante que permite darle una respuesta fálica a la hiancia del Otro. Cuando el desencadenamiento revela la falla de esta respuesta, aparece una figura persecutoria, el Un-Padre en lo real.
No es el encuentro con Un-Padre lo que muestra la falla simbólica, sino la confrontación de la incompletud del Otro es que hace surgir al Padre gozador, por lo cual, justificaría proponer una formulación extendida del paradigma del desencadenamiento.
 
B.1. Breve panorama teórico
a)  Estructura de las psicosis paranoicas, de 1931, aparecido en La Semaine des Hôpitaux de París, Nª 14. En este texto, el concepto de desencadenamiento se asimila al de eclosión delirante.
b) Tesis de 1932
Lo que Lacan denominará “momento fecundo”, en esta tesis acordará con Serieux y Capgras en considerar a la “significación personal” como el fenómeno central de la psicosis. Esto es cuando el sujeto experimenta la certeza de ser el blanco de una significación cuyo sentido es enigmático.
c) La Familia (1938). Anticipando la postulación de 1957, Lacan concebía el desencadenamiento a partir de una estructura que reproduce el momento culminante del Complejo de Edipo y que revela su fracaso. En estas circunstancias, el objeto paterno de la identificación edípica no conseguía superar al objeto del deseo, dejando de esta forma al sujeto enfrentado sin mediación con imágenes narcisistas.
d) Seminario 3 – Schreber. En el caso Schreber, al recorrer el Seminario 3, con una lectura simultanea del Capítulo IV de las Memorias… podemos reconstruir los diferentes momentos de la paranoia, digamos clásica.   Un primer momento, denominado Prepsicosis, en un sentido sincrónico, sin desencadenamiento y sostenido en identificaciones puramente conformista. Así llega Schreber a los 51 años, previo una primera enfermedad, en dónde se produce un primer sacudón de la instancia imaginaria en la cual se sostiene al perder las elecciones para el Reichtag. Su “inminente designación” como presidente del Supremo tribuna de Dresde, convoca a las pocas semanas al agotamiento, y en esa serie surge el sueño de duermevela (qué bonito sería ser una mujer sufriendo el acoplamiento) ingresando así, en la fase prepsicótica, momento de perplejidad (el sueño) y los fenómenos de franja (ruidos en la pared). Luego continúa con el desmoronamiento (cataclismo) imaginario, seguido de una franca aparición de delirios que culminarán en la denominada metáfora delirante, sustitutiva de la Metáfora Paterna. Si la graficamos esquemáticamente tendríamos:
  

 
 
e)  De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, 1958
Este texto se encuadra en el concepto de la incompletud del Otro, y la psicosis es abordada desde la neurosis: el esquema I, es una deformación del Rho. En sentido contrario, del síntoma psicótico inscripto en lo real, va más lejos que la cuestión inconsciente: con el “eso goza”, se innova la concepción del Nombre del Padre, por nombrar un goce es el principal objetivo de este significante que se aligera hasta no ser nada más que un semblante. Al estar forcluído queda descubierta su función fundamental: enmascarar el Un-Padre real que maniobra como mayor crudeza en la psicosis.
De esta forma queda constituidos los tres ejes señalados más arriba (causa accidental: el encuentro con Un-padre, disolución de una estabilización: identificaciones puramente conformistas y  operatividad de una causa específica: forclusión del Nombre-del-padre), en dónde el desencadenamiento estaría referido a este encuentro que desenmascara los efectos de la forclusión del Nombre-del-Padre, es decir, la ausencia de significación fálica. El encuentro con un goce, demuestra si el sujeto dispone o no de ese significante fundamental.
La evidencia de fenómenos elementales, precisos, dan cuenta de la estructura psicótica en donde los “abismos” o agujeros se surcan en lo Simbólico con P0 (alucinaciones verbales y trastornos del lenguaje, de la palabra y la enunciación, y fenómenos de pensamiento impuesto) [automatismo mental]) y en lo Imaginario con F0 (ideas vinculadas con la sexualidad y el cuerpo, delirantes; pasaje al acto, alguna disfunciones corporales, ideas referidas al amor y a las relaciones sexuales, perdida enigmática del sentimiento de vida) según el esquema I (deformación del esquema Rho).
 
B.2. Viñetas clínicas: la confirmación del paradigma “canónico”
  • Una psicosis escrita
N., 73 años, publica su libro “Qué pasa en la Argentina según los ángeles”, en dónde testimonia su nuevo estado. La primera parte del libro (Ciencia y mística) da cuenta -sin muchos detalles- de algunas cuestiones de su vida. El desencadenamiento se precipita a partir de dos cuestiones, el libro Nunca más y la  muerte de su esposo. Continúa con un sueño: la virgen de la Medalla Milagrosa le solicita que salve a la patria organizando una cruzada social (“Paz, Amor y Democracia”) desde la Argentina que deberá recorrer los pueblos de América.. Luego comienza la segunda parte del libro titulada Las primeras señales con el relato de diferentes milagros, y elucubraciones delirantes que ponen de manifiesto todos los fenómenos elementales típicos.
Luego, la tercera parte, encontramos Mensajes angélicos, Diálogo con los Angeles, Vox angelica, etc. La trayectoria, es, casi típica:
  • Sostenimiento en una posición imaginaria
  • Lectura de libro Nunca más y fallecimiento del esposo
  • Desencadenamiento: sueño con la virgen
  • Conformación y evidencia de los fenómenos elementales
  • Posición delirante
 
  • Una esquizofrenia
L., 21 años, es traído por su madre a un hospital público. Los síntomas más destacados, en un principio fue la apatía afectiva; se presentaba insensible, incluso a los dolores físicos. La mirada perdida, de caminar cancino, lento y automático. Con gestos bizarros, insomnio, frases desordenadas e interrumpidas, sin sentido, transcurría sus horas caminando en círculo, comía en forma exagerada, grosera y desordenada, que luego vomitaba. Podía estar frente al televisor (apagado o encendido). La memoria, inteligencia y orientación estaban conservadas.
El desencadenamiento es paulatino, se realiza en distintas etapas, se suceden a través de una serie de acontecimientos que van desmoronando sus compensaciones imaginarias, todos relacionados con la muerte. El acontecimiento más detonante, sucede en la víspera de una mudanza a la provincia de Corrientes: escapa de noche, pinta su cuerpo con antióxido; desnudo es encontrado dos días después gritando y revolcándose en los matorrales a un costado de la ruta.
Ya instalado con su familia (12 años) el desmoronamiento final se acelera, deja el colegio, la bizarría de sus actos se acentúa (gestos y palabras).
La trayectoria, esquemáticamente sería:
  • Compensación imaginaria
  • Desmoronamiento progresivo con fenómenos elementales ante sucesos conmocionantes durante la infancia
  • Mudanza y desencadenamiento
  • Cuadro alucinatorio, sin delirios estructurados. Notorias alteraciones del lenguaje
 
B.3. Un origen al paradigma del desencadenamiento
1.       Hasta aquí hemos descriptos –brevemente-  tres casos, con variaciones sobre la tipicidad del caso Schreber, establecidas desde el Seminario 3 y De una cuestión preliminar…, en todos los desencadenamientos, está presente una división subjetiva en un antes y después. Registramos la evidencia antes que su análisis circunstancial. El tema que nos convoca es si esta “tipicidad” está cuestionada en el campo del desencadenamiento.
 
2.       Las diferencias entre las estructuras subjetivas surgen cuando nos planteamos cuestiones del significante del Nombre-del-padre inscripto en el discurso del paciente. A partir de allí podremos plantear un diagnóstico diferencial, desde los efectos de esa inscripción. La posición estructural de Lacan podríamos, entonces resumirla: en el principio hay Bejahung o Verwerfung. Después los efectos.
 
El significante del nombre-del-padre, o se inscribe en lo simbólico, o se rechaza, forcluído, pero sin simultaneidades. Esto constituiría el paradigma del desencadenamiento, es decir el origen, de comenzar a considerar el fenómeno. No es el momento “de..”, es decir la dimensión temporal de la forclusión, sino su estado latente de origen cuando la oportunidad de los circunstancial resuene en la estructura subjetiva el significante en lo real des-encadenará de su ¿precaria? atadura simbólica.
3.       El desencadenamiento estaría referido a ese encuentro que desenmascara los efectos de la forclusión del significante del Nombre-del-padre, es decir, la ausencia de la significación fálica. El momento mismo del desencadenamiento esta dominado por el encuentro –siempre fortuito- de un goce (del Otro u Otro goce) y la imposibilidad con la que el sujeto se enfrenta para simbolizarlo y encontrar un modo de subjetivación.
 
C- Segunda clínica: hacia la extensión (o relativización) del paradigma del desencadenamiento
Delinear la segunda clínica de la psicosis, es más complicado, está confeccionándose en los lógicos términos largos de una generación de analistas postlacanianos basados fundamentalmente en la dispersa práctica clínica a nivel mundial, por lo cual se aproximan ideas generales que deben ser confrontadas con la realidad.
Formando parte de este nuevo viraje clínico, las nuevas ideas pivotean en que no toda psicosis implicaría un desencadenamiento irreversible, como Schreber, o los casos presentados. Estamos ya, entonces, sobre la denominada “segunda clínica”, esta torsión comienza antes de Angesr, Arcachon y Antibes. El progreso de estos nuevos conceptos a partir de una relectura de la teoría y los casos clínicos presentados podríamos esbozarlas de la siguiente manera:
La cuestión preliminar en la psicosis podría resumirse en la forclusión del significante del nombre del padre, propiedad de la psicosis. Lo propio sería un modo de llegar a un algún universal de la psicosis, porque permite hablar de la psicosis como conjunto. Este universal sería la falta del significante del nombre-del-padre. Lacan parece interesarse mucho por este punto decisivo y particular: el desencadenamiento, el efecto de la forclusión se hace más evidente. Aunque la estructura ya está manifiesta por el lenguaje.
De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, tiene su después en Agnes, Arcachon y Antibes. Estos son referentes insalvables en las consideración de la psicosis desde la perspectiva lacaniana, en especial, la clínica borronea, pues permite una perspectiva más afinada y superar los bordes de lo inclasificable.
 
D – Comentarios finales y Conclusiones Provisiorias
En esta segunda clínica, poco estudiada todavía, encontraríamos la estructura psicótica sin desencadenamiento. Lo cual no sería una novedad, pero, el tema estaría centrado en las suplencias de esta estructura, de algo que oficie de función paterna.
Otras de las cuestiones que se establecen con estas nuevas formas clínicas a estudiar es que no sería una graduación entre neurosis y psicosis. Si para la neurosis, el punto de basta será el Nombre del Padre, para la psicosis será otra cosa que el Nombre del padre. (Los inclasificables… P. 395).
Atinado, también será el comentario de Serge Cottet, en la Hipótesis continuista de las psicosis, cuando invita, a partir de la pluralización del Nombre del Padre, a “extraer las consecuencias de una clínica e las suplencias abierta a una gran variedad que el concepto de forclusión y sus efectos permiten deducir por sí solos…
¿Qué representa clínicamente este nuevo panorama en la revisión de estos viejos y nuevos conceptos lacanianos?
  • Que existen estabilizaciones propias de los sujetos de estructuras psicóticas
  • Contribuyen a examinar la concepción de una clínica poco estudiada
  • La frase de Lacan de “no retroceder ante la psicosis” debe ser un impulso a estudiar cómo podría ser elaborar un manejo específico de la transferencia en estos casos.
  • El delirio psicótico es compatible con el ejercicio de las más elevadas facultadas intelectuales, lo cual promueve y evidencia que los psicóticos tiene recursos creativos que abren nuevas posibilidades en sus tratamientos, es decir: pueden articular suplencias, con lo cual podrían modificarse, como en otras estructuras, las posiciones subjetivas.
  • El paradigma del desencadenamiento “clásico”, tal como se presenta en el Seminario 3 y en De una cuestión premilitar… esta, ya, replanteados a partir de los encuentros de 1995 en adelante. filtrado por la clínica borronea, es decir una clínica de suplencias.
  • Las consecuencias de esta relativización, extensión del paradigma del desencadenamiento repercute en la clínica, en especial en el campo de la transferencia analítica. Pero no precipita su caída, sino lo extiende. O también puede plantearse que no existe paradigma.
  • Saber distinguir un desencadenamiento para definir un abordaje psicoanalítico, es en dónde toma cuerpo la idea del paradigma. No encontramos respuesta automáticas para dar cuenta del momento desencadenante, pero encontramos dos lugares ciertos que configuran la temporalidad:
 
a) Una falla en la prepsicosis sincrónica

b) Una confrontación con la incompletud del Otro.
Las nuevas épocas confirmarán, modificarán o no estos nuevos latidos teóricos extraídos de la clínica
 
Bibliografía consultada
  • La forclusión del nombre del padre. Jean M. Maleval
  • Los inclasificable de la clínica psicoanalítica. Autores varios
  • La psicosis ordinaria. Autores varios
  • La lógica del delirio. Jean M. Maleval
  • Estabilizaciones en psicosis. Eric Laurent
  • El analiticón. Nº 4. Jacques Lacan
  • El seminario 3. Las psicosis. Jacques Lacan
  • El seminario 20. Aun. Jacques Lacan
  • El seminario 19. Ou pire…. Jacques Lacan
  • El seminario 21. Los incautos... Jacques Lacan
  • El seminario 22. R.S.I.. Jacques Lacan
  • El seminario 23. El sinthome. Jacques Lacan
 


* Psicoanalista. Docente. Director de Ediciones El Øtro
 

 

El problema del Acting-out
 
Autoras: Cecilia Castelluccio, Mariana Stavile,
María Inés Sarraillet, Silvia Zamorano
 
            Los infortunios de nuestra clínica nos han llevado a un trabajo de lectura acerca del problema del acting-out en la práctica psicoanalítica.
            Hemos efectuado un primer itinerario que tomó como punto de partida los interrogantes que, según creemos, insisten en hacerse escuchar en el marco de los comentarios de casos, ateneos, presentaciones clínicas, etc.”Qué hacer con el acting-out’”?,” Es un acting o un pasaje al acto?” “Hay análisis sin acting-out?”
            Hemos considerado para iniciar este recorrido la pregunta : Qué es el acting-out? Y nos encontramos a partir de este punto con una primera demarcación del problema , a saber: El acting-out es un significante y como tal, su sentido varía en función del conjunto .En nuestro trabajo de lectura constatamos, entonces, una llamativa ambigüedad en lo que concierne al uso del término, correlativa a la opacidad de ciertas formulaciones respecto de la cuestión del lugar del analista, la transferencia, y la interpretación.
 
            La definición del acting-out resulta problemática y ambigua en cada una de las vertientes que el psicoanálisis ha tomado después de Freud. -Por una parte se despliega una historia de posiciones encontradas respecto de la ubicación del acting-out  únicamente “dentro” de la situación analítica, o extendiendo su alcance “afuera” (“out”).-Por otra parte se reproduce también una yuxtaposición entre el agieren freudiano, - Por último las confusiones se vuelven a encontrar a nivel de la diferenciación necesaria con diversas categorías clínicas, a saber, pasaje al acto, síntoma, actos sintomáticos y casuales, etc.(Por ejemplo en Phyllis Greenacre,en su artículo citado por Lacan).En esta dirección nos hemos encontrado con el retorno de estos mismos problemas en el campo del psicoanálisis lacaniano.(Por ejemplo, Lobov , entre otros )
 
            Hemos tropezado más de una vez en nuestro trabajo, con una perspectiva doble en la consideración del acting-out en la producción de algunos autores lacanianos argentinos:Es ubicado como consecuencia de una dificultad en el plano de las intervenciones del analista, y a su vez es definido como un fenómeno clínico esperable en el curso del análisis y hasta propiciado por el dispositivo analítico.(Lobov, [1]Harari, A. Rubistein)
 
            Creemos entender que la lógica de seguimiento del concepto que realizan estos autores es consecuencia de partir del concepto freudiano de agieren y homologarlo al concepto de acting-out, pensándolo dentro de la misma categoría. (Starchey lo traduce como acting-out).
            Este témino es utilizado por Freud, por primera vez en el análisis del caso Dora en 1905, en relación a la interrupción del tratamiento “¼De tal modo actuó un fragmento escencial de sus recuerdos y fantasías en lugar de reproducirlos en la cura¼
Subrayanos actuó. Más avanzada su obra en lo que se llamaron sus escritos técnicos Freud va a profundizar y desarrollar este concepto.
            Es en 1914 en “Recordar, repetir y elaborar” : “si nos atenemos al signo distintivo de esta técnica respecto del tipo anterior, podemos decir que el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como recuerdo sino como acción, lo repite, sin saber desde luego que lo hace¼
            Podemos ver como se encuentra con este obstáculo al recordar, hay un núcleo que no se puede tramitar vía recuerdo.
            En este sentido, (al equiparar el acting al actuar) el acting se señala como una puesta en escena de lo real que el significante no alcanza a cubrir por lo cual, no habría posibilidad de pensar el análisis sin acting-out.
            Esta vertiente, pensamos, yuxtapone el acting-out al agieren freudiano y borra la delimitación que Lacan le imprime al término, principalmente en el Seminario V.
 
            En este contexto, nuestra lectura ha recortado una dirección precisa en los comentarios de Lacan acerca del acting-out.: Su valor se establece en relación a un desvío en la posición del analista.[Sem X, Sem XIV, Sem V, Respuesta al comentario de J. Hypolitte Dirección de la cura]
            Nos interrogamos entonces por las razones a las que obedece este problema en la localización del acting-out como tal, y encontramos que este doble abordaje del acting-out es consecuencia, en parte, de la falta de resolución de las ambigüedades enumeradas anteriormente.Por ejemplo: Si el “acting-out es consecuencia incluso del mismo dispositivo que lo pone en juego” (como afirma A. Rubistein), entonces, en nada difiere de la neurosis de transferencia, ni por lo tanto, como dijimos, del agieren freudiano.Entendemos que en esta lectura, la responsabilidad del analista en su intervención quedaría velada, o al menos relativizada, al concebir el acting-out como un puro efecto de la estructura del dispositivo.
            Lacan en el Sem. V es terminante en sus afirmaciones, dice :”Creo que es preciso delimitar el problema del acting out, y que es imposible hacerlo si nos atenemos a la noción general de que es un síntoma ,de que es un compromiso,de que tiene un sentido,de que es un acto de repetición,porque esto es diluirlo entre las compulsiones de repetición mas generales.Si este término tiene algún sentido,es en la medida en que designa una tentativa de solución del problema de la demanda y del deseo.Por eso se produce de una forma electiva en el curso de un análisis,se trata ciertamente de una tentativa de solución del problema de la relación entre el deseo y la demanda”.
            Entendemos que con esta frase Lacan está haciendo una tajante separación entre el acting out y el agieren freudiano, tal como lo dijimos. Freud escribe en “Recuerdo,repetición y elaboración”,texto de 1914 “Cuando en el curso ulterior de un análisis se hace hóstil o muy intensa esa transferencia,el recuerdo queda sustituido en el acto por la repetición,y a partir de ese momento,las resistencias van marcando la sucesión de las repeticiones”.El actuar y repetir los clissés del pasado sobre la figura del analista, se relaciona en Freud con la transferencia, y mas especificamente con una enfermedad que él llama “artificial”.Es la neurosis de transferencia como el modo de instalar el síntoma en la cura .Si tomamos las teorizaciones de algunos autores lacanianos , como por ej. que el acting out es consecuencia directa del dispositivo analítico, podemos ubicar algunos puntos que propician la ambiguedad del concepto; 1º estas lecturas implican la equiparación del acting con el agieren, por la misma vía lógica la homologación del acting con la neurosis de transferencia (entendida como aquello que el dispositivo mismo predispone).2º Si se trata el acting de “un tropiezo inevitable” en el curso de la cura ¿qué lugar queda para la responsabilidad del analista?.Esta posición parece obviar la insistencia de Lacan en que el acting out es un “producto artificial” efecto de un modo particular de conducir la cura, dirección en la que el analista aborda “algo en el registro de la realidad y no en el orden simbólico” (dice Lacan en el Sem. III). Al respecto la advertencia de Lacan en “La dirección de la cura” es muy precisa,nos dice “los sentimientos del analista sólo tienen un lugar,el del muerto, y si se le reanima el juego se prosigue sin que se sepa quien lo conduce”.Lacan reitera que el acting le compete al analista, por lo tanto es su responsabilidad.En este sentido ambos “productos artificiales”,el freudiano (neurosis de transferencia), como el lacaniano (acting-out) son el resultado de las maniobras del analista. Maniobras en un caso por acción y en el otro por omisión (en el caso del acting out de escuchar el deseo). Leemos en el Sem X :“Es un acting-out,por lo tanto se dirige al lugar del Otro.Y si se es analista, por lo tanto se dirige al analista. Si tomó ese lugar, tanto peor para él. Tiene la responsabilidad que pertenece al lugar que aceptó ocupar”,entendemos que esta cita no deja lugar a la duda de a que cuenta cargar el acting-out.
 
            Creemos que las dificultades que promueven las preguntas de nuestro punto de partida, son resultado de los deslizamientos que se producen en las lecturas mencionadas.
            -Proponemos entonces concebir al acting-out, si bien “por fuera de la esfera de lo que se dice”,(como algunos autores plantean)en tanto se actúa, no por fuera de la esfera de lo que se articula: Siendo el deseo, como deseo del Otro, lo que está articulado (aunque no es articulable). Es decir, pasible de ser leído. Lo que se dice, como mensaje dirigido a Otro, en particular al analista, está articulado en la escena, y es un llamado a la interpretación, a la lectura que no tuvo lugar, o que fue desviada.
            Lacan afirma (Sem. V) que el acting-out contiene un elemento altamente significante y que precisamente por ello es enigmático.Entendemos que el enigma cae del lado del analista, al sujeto “eso” no lo interroga. Que en el acting “algo se muestra”,parece implicar que no hay punto de subjetivación allí, podemos decir :el sujeto no está representado en esa mostración. ¿Qué lo diferencia del síntoma?. Lacan define a este último como un acto logrado, ya que deja ver claramente una tendencia. En el Sem de “La angustia” define al síntoma como un goce engañoso, se basta a sí mismo, no es un llamado al Otro, que es lo carácteristico del acting-out, en él lo que se muestra es otra cosa de lo que es, en el acting la verdad anómalamente habla.
            Si el síntoma es formación de compromiso,una negociación entre deseo y demanda, podemos pensar al acting-out como el fracaso de dicha negociación inconsciente, es una manifestación salvaje del mismo.Cuando el analista no está ubicado como el Otro de la transferencia sino como el otro de la sugestión, producto de responder a la demanda en el plano de la realidad, reduciéndo así los dos pisos del grafo, hace su aparición el acting como esa manifestación disrruptiva.
            En este punto podemos retomar una diferencia entre Freud y Lacan,entre acting-out y agieren. Si bien cada uno sitúa estas manifestaciones como resistencia del sujeto, las aguas se separan cuando se precisa la índole de cada una de estas resistencias.Para Freud el agieren es la resistencia a la cura, por el contrario Lacan ubica el acting llamativamente “en la columna de la transferencia positiva”, ya que es una resistencia a la reducción del deseo, es un deseo de mantener el deseo en la cura, señalando así el defecto de la posición del analista. Si tal como afirmamos, el acting es una respuesta del sujeto a un error en la posición del analista, es en el manejo de la transferencia donde creemos, se podría encontrar una vía de resolución a la pregunta “Cómo actuar con el acting-out?”. A partir del enunciado de Lacan (23-1-63) “el acting es el amago de transferencia” es “la transferencia salvaje”, y considerando que la posibilidad de transferencia consiste en que el objeto a sea ubicado en el campo del Otro (en este sentido parece ubicar el deseo del analista) nos planteamos si el acting out en tanto puesta en escena del objeto a es el “amago”[2] de transferencia en la medida en que desfallece la función deseo del analista.
 
            Otra vía de respuesta a la cuestión respecto de ¿qué hacer con el acting-out? (en, el Sem X Lacan es preciso con respecto a que no hacer, esto es: ni prohibirlo, ni interpretarlo, ni reforzar el yo), la respuesta la encontramos en Freud por lo positivo, a costa de hacer una extrapolación de conceptos. Pensamos que algunos de los casos entre lo que Freud llama “acciones casuales y sintomáticas” pueden leerse como actings. En dichas acciones algo se muestra como ajeno al sujeto. Dice Freud “Por lo común, la persona no sabe que hace tales cosas. Aparecen de por si y se las acepta porque no se sospecha en ellas un fin ni un próposito”.Freud lee en ellas un algo mas. Por otro lado estas acciones “accidentales”estan dirigidos a un A, quizá el caso mas conocido es el de un paciente de Freud que deja la puerta del consultorio abierta, pues nadie a parte de él vendrá a consultar a su analista. Freud usa el término de “verdadera escenificación” para referirse a la fractura de una pierna, que se hace una joven mujer de un modo “accidental”. Otro término utilizado por Freud, que el traductor mantiene, es “spielen” que Strachey traduce como “representar un papel”. Comenta Freud en “Psicopatología de la vida cotidiana” Cap. VIII : “ Uno de mis hijos varones, cuyo temperamento vivaz suele oponer dificultades al cuidado que se le debe dispensar cuando enferma, tuvo cierto día un ataque de cólera al ser instado a guardar cama durante la mañana y amenazó con matarse, posibilidad de la cual tenía noticia por los periódicos. Al anochecer me mostró un moretón que el choque con un picaporte le había producido en un costado del pecho. A mi pregunta irónica sobre por qué lo hizo y qué buscaba con ello, respondió este niño de once años, como por súbita iluminación : ‘Fue mi intento de suicidio con que amenacé hoy temprano’. Por otra parte, no creo que en ese tiempo mis hijos conocieran mis puntos de vista sobre lesiones que uno se inflige a sí mismo”
            Las intervenciones de Freud en estos casos van por el lado de un intento de sintomatización, de responsabilización del sujeto en ese acto. Entonces la respuesta de Freud al acting-out es hacerlo síntoma.
 
            En el Sem XIV Lacan da cuenta de la pertinencia del uso del término inglés acting-out.Se basa en la traducción que hace el diccionario inglés Webster,dice “Es como representar un juego sobre una escena,una historia en acción” y lo opone al “reading”,a la lectura.La relación entre actuar y leer, está en que el act out” implica un tiempo pasado, una escena que ya ha sido leída. Leemos en el Sem “La lógica del fantasma” :”Hay dos tiempos, han leído algo de Racine, lo leen mal, lo leen en voz alta de una manera detestable.Cualquiera que esté ahí quiere mostrarnos lo que es:lo actúa.He aquí lo que es to act out”.Entonces esta actuación es el efecto de una lectura deficiente por parte del analista, es consecuencia de su intervención.
 
            En Freud podemos encontrar el mismo sentido que Lacan utiliza para acting-out,en el término alemán “Spielen”.Las acepciones que obtenemos del término en el diccionario alemán son : “Jugar,tocar,tañer un instrumento”, significados que Freud usa para esas acciones desapercibidas para el sujeto,por ej.el jueguito que Dora hacia metiéndo y sacando el dedo de su bolsito”.Otra expresión es “eine Rolle spielen” cuyo sentido es “dárselas de señor,hacer papel de señor”.Otra de las locuciones es “Den unwissenden spielen” y su traducción es “hacerse el desentendido”.
            La traducción por la que optó Strachey es “representar un papel”,y no se puede dejar de admitir que siempre se lo representa para un Otro.En el spielen como en el acting hay un Otro en juego.
 
            El recorrido por el concepto de acting-out nos abrió interrogantes que dejaremos abiertos y que serán nuestro impulso de trabajo para el año siguiente:
            1)Si el acting-out obedece a un “error” en la lectura del analista, creemos necesario revisar el concepto de “acto analítico” en tanto delimitado del concepto de acto.
            2)Cómo establecer la distinción entre acting-out y pasaje al acto en la relación del sujeto al Otro.


[1] “Tenemos entonces acá el acting que pone en escena sobre la escena analítica lo que no tiene palabra, lo que de ningún modo podría decirse.No se trata esta vez de algo que analista rechace sino de aquello que por estructura es algo (o mejor aún, una nada) que la palabra no alcanza. No hay significante que pueda dar cuenta de esta nada.La imposibilidad del analista de tomar este objeto por la vía de la interpretación es estructural, dado que el objeto, si bien es efecto del significante, no es de naturaleza significante, por lo tanto no es interpretable..” ¼.”.Digo entonces que aquello que el acting presentifica, lo real, forma parte, entra en un análisis. Y en este sentido el acting es inevitable. Lobov,El acting-out en el proceso analítico.(El subrayado es nuestro.)
[2] amorce en la versión inédita en francés, clase 23-1-63, Sem X “La Angustia”. Amorce: Cebo, carnada.

 


Angustia y certeza en Lacan
Ricardo Seldes *
 
La angustia es algo inquietante, la mejor descripción la encontramos en Freud en su artículo sobre lo Unheimlich. Se trata de algo que sucede súbitamente, es la entrada en la dimensión de lo siniestro, algo que puede ser muy breve, un flash. En Lacan encontramos la definición de la angustia en un apólogo: es la espera de que algo sucederá. Estamos en el teatro, en la escena del mundo, se apagan las luces, se está por levantar el telón. Se trata de un brevísimo momento de angustia sin el cual nadie podría captar el valor trágico o cómico de lo que sucederá. Es una brújula. Los elementos constitutivos están todos allí: tenemos un marco significante, una espera, el campo propicio para que aparezca el afecto correlativo a esa espera del Otro. La angustia es esencialmente un corte, sin el cual el significante, su funcionamiento, su surco en lo real es imposible. Pero esto que es sólo un instante, que inmediatamente queda elidido por quedar tomados en la escenificación, demuestra qué sucede cuando en el marco significante aparece lo más cercano, lo heim, el huésped pero bajo su otra dimensión, lo más extraño, el objeto. 
La dimensión del acto

Cuál es la dimensión que se avecina a este momento de corte, de estupefacción, de suspensión inclusive. Es la de la acción, la línea del acting out, del pasaje al acto y por supuesto la del acto que es la que arranca a la angustia su certeza, actuar es operar una transferencia de angustia, señala Lacan en la clase 6 del Seminario X. Pienso que aquí me detendrán para decirme o recordarme lo que más de una vez expresé de manera aforística: que toda actividad humana se despliega en la certeza, o aún que ella engendra la certeza o, de una manera general, que la referencia de la certeza es esencialmente la acción.
¿Cómo calibramos en psicoanálisis una tal noción, la de la certeza?
No se trata de oponer certeza a realidad y pensar en mundos irreales. En la realidad de su alucinación, el loco no cree, plantea Lacan en el Seminario III, " El sujeto admite, por todos los rodeos explicativos verbalmente desarrollados que están a su alcance, que esos fenómenos son de un orden distinto a lo real, sabe bien que su realidad no está asegurada, incluso admite hasta cierto punto su irrealidad". Pero, a diferencia del sujeto normal para quien la realidad está bien ubicada, él tiene una certeza: que lo que está en juego -desde la alucinación hasta la interpretación- le concierne. Esto es esencial de captar, ya que está claro para nosotros que un fenómeno elemental implica en toda la escala que va de la benevolencia a la malevolencia y significa para él algo inquebrantable.
Lo interesante de un fenómeno elemental, es que ese signo de la realidad que para los demás pasa desapercibido, esa voz en la TV que todos escuchan sin oír, eso le concierne, y eso es más llamativo cuando justamente mantiene para el sujeto un carácter enigmático. Luego podrá intentar explicarlo con diversos argumentos lo que suele dar el sostén del delirio. El sujeto no comprende lo que le ocurre pero lo transmite, encuentra que hay allí una verdad irrefutable. La certeza implica por supuesto que no precisa de grandes referencias de la realidad, al contrario esos pequeños guiños enigmáticos de lo real son dirigidos a él, surgen de él, y posiblemente le cambian la vida partir de ese momento.
 
 
Angustia, certeza y enigma

Tomamos entonces la relación que podemos establecer entre la angustia, la certeza y el enigma. Si lo pensamos en términos lingüísticos un enigma es una enunciación cuyo enunciado se desconoce. Pero si hay una enunciación es que hay alguien de quien proviene. Ya habíamos dicho que es al sujeto a quien le concierne.
Entonces tenemos que decir que proviene del Otro, del campo del Otro. Pero con una característica especial, que eso, ese signo me concierne es decir quiere decir algo aunque no sé qué. Es la pura intencionalidad del significante. ¿Por qué esta significación de significación es certeza? Porque cuanto menos sé que quiere decir más eso quiere decir algo. Es el colmo del sentido. El enigma con la certeza de significación que implica produce una ruptura, un corte en el espacio semántico. Podemos ver la cercanía que existe entre el efecto de certeza de la significación en la psicosis y lo que surge como angustia en el campo del Otro, específicamente en el deseo del Otro. El Otro desea algo pero no sé qué es.
¿Por qué la angustia no engaña? Al decir que está en relación al deseo del Otro decimos No sé lo que soy como objeto para el Otro. La angustia, se dice, es un afecto sin objeto, pero esa falta de objeto hay que saber dónde está, está de mi lado. El afecto de angustia está en efecto connotado por una falta de objeto, pero no por una falta de realidad. Si no me sé más objeto eventual de ese deseo del Otro, ese otro que está frente a mí, su figura me es enteramente misteriosa sobre todo en la medida en que esa forma que tengo delante de mí no puede en efecto tampoco estar constituida para mí en objeto.(Seminario IX, clase 16).
La angustia entonces no engaña porque al enfrentarse el sujeto al significante enigmático del deseo del Otro, el sujeto no puede deslizarse en la cadena significante. Con eso lo que estamos diciendo que lo que engaña, lo mentiroso por ejemplo de los afectos es que pueden desplazarse, sustituirse y además nos permite entender que lo que fundamentalmente engaña es la relación del significante con el significado. Cuando estamos frente al significante enigmático que juega solo su partida, sea en el fenómeno elemental, sea frente al deseo del Otro, allí tenemos la certeza, eso quiere decir algo y no se sabe qué. La angustia no engaña porque no dice que es el objeto, se relaciona con la falta en el Otro, y tampoco dice que es ésta, no sostiene su discurso. La certeza es el lado denso del significante y de su significación. En el enigma del deseo del Otro el sujeto pierde la posibilidad de deslizarse en su terreno, como dice Heidegger en El ser y el tiempo el sujeto se angustia cuando no está en su casa. Y la casa del sujeto es el significante que le da la liviandad que asegura su falta en ser. La angustia apunta al ser, y esto es lo que impide la sustitución mentirosa de los otros afectos. Frente al S1, el significante enigmático que juega sólo su partida, en el fenómeno elemental o frente al deseo del Otro, el afecto que se despierta, que apunta al ser del sujeto, es la angustia con su certeza de que eso quiere decir algo aunque no sepa qué es. El sujeto queda suspendido, evidentemente, por ese goce que le concierne. Tenemos entonces que la causa de la angustia es la proximidad del objeto que se presenta como real, es decir que no es especularizable ni significable, sino anterior a cualquier objeto de la percepción de la realidad, más bien cercano entonces a la causa del temor según Freud: la propia libido. Cuestión que se ve particularmente en las fobias en donde el peligro interior es ubicado como peligro exterior y desde allí puede ser calculable según las leyes del significante.
 

Temporalidad en la angustia

¿Cuál es la temporalidad de la angustia? La espera de la angustia no es de tranquilidad, es el tiempo de la inminencia. Es la presencia del sin límite. En los tiempos lógicos la angustia surge en el momento de concluir y ahí entendemos la dimensión del acto. Hay una dimensión temporal como en el apólogo del teatro. Es justamente en donde culmina la tensión temporal que la certidumbre se anticipa. Sin la angustia el proceso lógico iniciado en sus escansiones no se desencadenaría ni se encontraría la salida. La angustia se inscribe sobre el sesgo del acto. Es de la libido que está presente ahí bajo la forma de angustia lo que propulsa al sujeto para el acto. En definitiva la angustia es lo que no engaña porque pone a los parlêtres frente a lo real. La angustia como señal, indica que hay un acto para realizar, mejor que sea el bueno, pero es el acto el que produce el alivio.
Dosificar la angustia no es suprimirla, tal como lo proponen los que quieren encontrar sus remedios. La ética del Psicoanálisis, que es una ética del goce no apunta a esconder que el parlêtre tiene un lazo estrecho e indisoluble con el goce.
Si admitimos que la creencia en el neurótico es que el Otro quiere su castración, se explica así que habría una estrategia indirecta para hacer inútiles esas defensas.
Freud tocaba el Nombre del Padre para disolver la angustia, dando un sentido simbólico al síntoma apuntaba a reducir la satisfacción real que procuraba. El síntoma puede desaparecer por la interpretación pero la angustia continuar. Es la inconsistencia del Otro, su desuposición lo que en muchos casos comanda la reducción de la angustia. En otros simplemente su localización. Dosificar la angustia también es suscitarla, cuando la experiencia analítica así lo requiere.
 
 

Ante los nuevos síntomas

¿Qué podemos decir de la clínica de los nuevos síntomas, que parece configurarse en un más allá del principio del deseo? El impulso que tiene en la sociedad el objeto gadget, lima considerablemente el problema de la verdad y el de la falta que aquejan al sujeto del inconsciente. La debilidad estructural y generalizada de la metáfora paterna con sus efectos de retorno del goce en lo real impide reducir los nuevos síntomas al régimen significante de una formación del inconsciente, y tienen más bien las características de lo que hace a una clínica del pasaje al acto.
Suelen ser los casos en los que el sujeto dispone de una relación no velada con el objeto que condensa su goce, y que puede manifestarse de manera súbita con una angustia extrema, podríamos decir una desesperación. Es un objeto que muestra lo que le falta al sujeto, lo propio del consumismo, que no tiene en cuenta al sujeto sino la producción de nuevos objetos. O en todo caso son los objetos los que dividen al sujeto, más al modo de la perversión y de ningún modo para guiarlo según la metonimia de su deseo.
Cuando pensamos que actualmente no vivimos bajo el reino del padre, y lo que liga al psicoanálisis con su mito, es que la estructura del todo cedió a la del no-todo, en tanto no hay nada que constituya una barrera, lo prohibido. El no-todo implica en términos generales la precariedad de los elementos. La pregunta es si ante la individualidad creciente que afecta el modo de vivir en comunidad bajo la forma de sujetos desamarrados, dispersos, y que exige a cada uno vérselas como puede para inventar una salida, ¿qué características tiene ese estado de certeza que llamamos angustia cuando el marco del escenario está pluralizado, multiplicado? El estilo de vida otaku es la expresión de una salida en la búsqueda de zonas restringidas de certezas, que aporten las referencias que faltan en pequeños grupos de expertos (ver en la Revista Lacaniana de Psicoanálisis Nº1, la clase de J-A. Miller El inconsciente es político). En tanto definimos a la angustia como el afecto que surge a partir de la pregunta por el deseo del Otro, podemos decir que la angustia es siempre social. Y quizás podamos dar un paso más al señalar que en tanto el Otro no existe, es la angustia lo que hace lazo, y a veces el pánico o el terror. En la medida en que se verifica el Otro en su inconsistencia, son los afectos los que hacen lazo social hasta el punto de lo que no engaña, o sea la angustia. Por eso decimos que la época de la inexistencia del Otro está marcada por este tipo de formas de vida yuxtapuestas bajo la forma de comunidades que deben tener un fuerte rasgo de identificación.
Por esta razón es que valoramos aún más la función de la angustia en la práctica analítica, ya que quien demanda un análisis debe, en cierto modo, deponer sus identificaciones comunitarias. El análisis es la búsqueda de una certeza, aún en forma hipotética, y la misma transferencia es la que restituye al sujeto una zona de certeza. El análisis hace trabajar la incertidumbre pero en el marco de una certeza que atañe al síntoma como modalidad de goce, en tanto puede ser tramitado por el sujeto en la experiencia.
El psicoanálisis deviene de este modo una burbuja de certeza.
 
* Psicoanalista, Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana de Buenos Aires (EOL) y Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
 

 
 

 


La concepción teórica que Lacan propone de la psicosis parte de situar en primer plano la relación del sujeto con el lenguaje. Es en función de esta idea que plantea retomar el término de “automatismo mental” de Gaetan de Clérambault para designar esos fenómenos en que el lenguaje se pone a hablar por sí solo, y que se caracterizan por ser fundamentalmente anideicos, es decir, no conformes a una sucesión de ideas. 

 
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